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Castilla y León mejora la media sanitaria nacional, pero la atención primaria rural sigue bajo presión

El Barómetro Sanitario 2025, elaborado por el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas a partir de 7.197 entrevistas en toda España, ofrece una imagen matizada de la sanidad pública en Castilla y León. La comunidad supera en varios indicadores la media nacional, pero los datos de atención primaria y lista de espera reflejan tensiones que en comarcas rurales como el Nordeste de Segovia se traducen en consultorios sin médico, plazas de matrona sin cubrir y desplazamientos que los números autonómicos no recogen.

Una satisfacción que no oculta el deterioro

La satisfacción general con el sistema sanitario público en España cae en 2025 hasta 6,02 puntos sobre 10, el valor más bajo desde que se realiza el barómetro. Castilla y León se sitúa en 6,40, por encima de ese umbral, en cuarta posición entre las diecisiete comunidades.

Sin embargo, el propio informe advierte de que los datos autonómicos agregan realidades muy distintas dentro de cada territorio. La media castellano-leonesa incluye capitales de provincia con servicios consolidados y comarcas rurales con déficit crónico de profesionales. El Nordeste de Segovia, con 57 municipios de baja densidad de población, ha denunciado de forma reiterada en los últimos años la falta de médicos de familia, la ausencia de matrona en varios municipios y la dificultad para cubrir plazas de guardia.

Atención primaria: esperas que afectan más al rural

Solo el 21,8% de los pacientes en toda España consiguió cita con su médico de familia el mismo día o al día siguiente. El 69,8% tuvo que esperar más, con una demora media de 9,15 días a nivel nacional.

En Castilla y León esa espera media se sitúa en 7,97 días, mejor que la media pero lejos de reflejar una atención ágil. El dato, además, promedia situaciones muy distintas: en municipios con médico residente la espera puede ser menor; en los que dependen de desplazamientos periódicos de facultativos, la realidad puede superar con creces esa cifra.

El 24% de la población española declaró haber tenido problemas en alguna ocasión para acceder a su médico de atención primaria en los últimos doce meses. Cuando eso ocurre, el 53,7% de esas personas acaba acudiendo a urgencias ante la imposibilidad de conseguir consulta. En el medio rural, donde el servicio de urgencias más próximo puede estar a treinta o cuarenta kilómetros, ese desvío tiene un coste real que el barómetro no mide.

La lista de espera, el indicador más crítico

En listas de espera hospitalarias, Castilla y León presenta uno de los datos que más tensión genera: el 38,1% de sus ciudadanos considera que la situación ha empeorado en el último año, frente a una media nacional del 34,5%. Solo el 10,5% percibe mejora.

En atención especializada, el 38,9% de los pacientes derivados desde atención primaria esperó más de tres meses para ser atendido por un especialista en toda España. La espera media se fija en 54 días. Estos datos se sitúan más de 12 puntos porcentuales por encima de los registrados antes de la pandemia, sin que la tendencia muestre corrección.

Lo que funciona: coordinación e ingresos hospitalarios

Los datos más favorables para Castilla y León se concentran en dos áreas. El ingreso hospitalario recibe una puntuación de 7,53 sobre 10, entre las más altas de España junto a Cantabria (7,64), Asturias (7,55) y País Vasco (7,53). A nivel nacional, el 81,4% de los pacientes ingresados valora la atención como buena o muy buena, con especial reconocimiento al personal de enfermería (8,21) y médico (8,11).

La coordinación entre atención primaria, centros de especialidades y hospitales es valorada positivamente por el 55,4% de los castellano-leoneses, frente al 49,4% de media nacional. Es el tercer resultado más alto de España.

Estos datos apuntan a que la atención hospitalaria de mayor complejidad funciona con mayor solidez que la puerta de entrada al sistema, que es la atención primaria.

Salud mental: un servicio bajo demanda creciente

El barómetro recoge que el 19,9% de la población española, casi uno de cada cinco ciudadanos, necesitó consultar por un problema de salud mental en los últimos doce meses. De los atendidos en la sanidad pública, el 22,4% esperó más de tres meses para ser visto por un psiquiatra o psicólogo. Solo el 56% de los atendidos en la pública valora positivamente la atención recibida, el porcentaje más bajo de todos los servicios analizados.

En el medio rural, la escasez de plazas de psicología clínica en atención primaria convierte este dato en una presión añadida sobre los médicos de familia, que según el barómetro absorben el 38,4% de la demanda de salud mental en la sanidad pública.

Un sistema que se apoya en sus profesionales

Donde el barómetro muestra resultados más estables es en la confianza que los ciudadanos depositan en los profesionales sanitarios. En atención primaria, la confianza y seguridad que transmite el personal de enfermería alcanza 8,02 puntos y la del personal médico 7,83, los dos aspectos mejor valorados del nivel primario. El peor es el tiempo dedicado a cada paciente, que se queda en 6,96.

La presión asistencial sobre los profesionales está detrás de ese dato. Más consultas, menos tiempo por paciente. Una ecuación que el barómetro cuantifica pero no resuelve, y que en comarcas como el Nordeste de Segovia se agrava cuando una sola persona cubre varios consultorios en distintos municipios el mismo día.

Lo que los datos no miden

El Barómetro Sanitario 2025 es una encuesta de percepción a escala autonómica y nacional. No desglosa datos por comarca ni por zona básica de salud. Los resultados de Castilla y León agregan una comunidad con nueve provincias y una distribución de población muy desigual.

Los problemas estructurales del Nordeste de Segovia —plazas sin cubrir, consultorios con atención reducida, falta de matrona en varios municipios— no aparecen en estas cifras. Aparecen, en cambio, cuando los vecinos no consiguen cita, cuando el médico de guardia debe recorrer decenas de kilómetros entre municipios, o cuando una embarazada tiene que desplazarse a la capital para un seguimiento que debería ser local.

El barómetro mide satisfacción. La satisfacción, en muchos casos, no mide lo mismo que la equidad.

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