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Comarca Nordeste de Segovia



Nuevos vecinos

Jesús y Estrella se jubilaron en Los Cortos y decidieron devolver algo a la comarca

Jesús y Estrella compraron una casa en Los Cortos en 2016 pensando en la jubilación. Nueve años después, ya instalados de forma permanente, dedican parte de su tiempo a la comarca: ella gestiona la colonia felina de la urbanización; él atiende de forma voluntaria a personas mayores de la comarca con sesiones de osteopatía. "La sociedad nos da muchas cosas y, en cierto modo, hay que devolverlas", dice él.

Nuevos vecinos recoge los testimonios de quienes han llegado a vivir o han vuelto a los 119 pueblos del Nordeste de Segovia. Jesús y Estrella son la cuarta entrega de la sección y aportan un perfil nuevo: pareja jubilada, sin raíces previas en la comarca, dedicada al voluntariado en la zona.

Jesús Busto tiene 67 años. Trabajó 35 años como bombero profesional en el Ayuntamiento de Alcorcón y compaginó durante 22 años el estudio de terapias alternativas: osteopatía, homeopatía, kinesiología, fitoterapia y herbodietética. Estrella Perea tiene 65 años y trabajó 34 años como funcionaria en un ayuntamiento, en temas de urbanismo. Compraron la casa de Los Cortos —en la urbanización Monte de Los Cortos, en Duruelo— en diciembre de 2016 como segunda residencia. Estrella se jubiló un año antes de lo que le correspondía y desde entonces viven en el pueblo de forma permanente.Estrella y Jesus

¿Cómo llegaron a Los Cortos?

Estrella: No conocíamos la zona. Nosotros llevábamos años alquilando una casa en Rascafría porque nos encanta el campo y andar por el monte. Cuando declararon la zona Parque Nacional de Guadarrama, aquello se puso imposible: mucha gente, todo carísimo. Empezamos a mirar hacia la sierra y encontramos algo para alquilar en la urbanización de Sotomosilla. Un día vimos un cartel que ponía "Urbanización Monte de Los Cortos" y vinimos a explorar. Me encantó. También me dio pánico —era septiembre, todo estaba muy seco y me preocupaba el fuego—, pero nos decidimos. Vimos esta casa, nos enamoró y la compramos en diciembre de 2016. Desde el momento en que la compramos supimos que iba a ser la casa de nuestra jubilación.

Del piso en la ciudad al pueblo. ¿Cómo ha sido el cambio?

Estrella: Yo venía de una ciudad de doscientos ochenta mil habitantes. Este cambio ha sido del día a la noche. A nosotros nos gusta la tranquilidad. Disfrutamos del silencio, del campo, de los olores, del viento, del sonido de los pájaros. Ves un corzo mientras paseas o bajas al río y escuchas el agua. No echo de menos absolutamente nada. Antes, en la ciudad, tenía todo cerca, pero me pasaba el día entero yendo al supermercado porque me faltaba una cosa o la otra. Aquí lo organizas de otra manera: te haces una lista, haces una compra más amplia y te apañas. Al principio nos chocaba tener que hacer muchos kilómetros. Ahora las distancias se nos hacen cortas.

¿Qué dificultades encuentran que en la ciudad no se imaginan?

Estrella: Sobre todo los servicios. Contratar un fontanero o un electricista es una odisea: es un mal común porque estos oficios menguan, pero aquí, al estar lejos de todo, se nota muchísimo más. Te dicen que sí, que vienen, y tienes que recordárselo una y dos y tres y veinte veces. Casi hay que ir a buscarles a su casa.

Jesús: La otra dificultad son las distancias: 24 o 30 kilómetros para ir a cualquier sitio. Si uno quiere tranquilidad sin ruido, no puede tener todos los servicios al lado como si esto fuera un gran hospital. Es la contradicción que tiene esto.

Estrella: La sanidad todavía no la hemos probado. De momento estamos bien de salud, pero es lo que preocupa: en cuanto empiezas con médicos, aquí estás alejado de todo.

Los dos dedican parte de su tiempo a voluntariado. ¿Cómo surgió?

Estrella: Yo siempre he sido activa en esto. Estuve muchos años en Acción Contra el Hambre, también en una asociación en defensa de la anorexia y la bulimia nerviosa. Tuvimos un niño en acogida. Es algo que forma parte de mí. Aquí ese tipo de cosas no se pueden hacer tan fácilmente, pero como me gustan mucho los gatos, mi primera idea fue montar una colonia felina en Los Cortos. Cuando conoces a los gatos te das cuenta de que son ellos los que te eligen a ti, no al revés: eres tú la que va a su terreno. Llevo año y medio cuidándolos. Voy por las mañanas —ahora Almudena me sustituye por las tardes—, les llevo comida húmeda como premio y hago recuento para comprobar que no me falta ninguno. Hay unos cuantos que ya se dejan acariciar y cepillar. En cuanto me ven, si salgo a dar un paseo por allí, se vienen conmigo. El mundo de los gatos ha sido lo más maravilloso que he encontrado. Con los gatos me llevo muy bien; con la gente, a lo mejor no tanto.Captura de pantalla 2026 09 21 190954

Jesús: El voluntariado es una decisión muy personal. La sociedad donde vivimos nos da muchas cosas y, en cierto modo, hay que devolverlas. Yo trabajo sobre todo en Cerezo de Abajo. Me chocó mucho la solidaridad entre gente de distintas edades, que están unidos haciendo cosas. Eso me decidió a ayudar dentro de lo que sé. Llevo con ellos alrededor de un año. La satisfacción es enorme: se les nota que mejoran, que remiten dolores que tenían desde hacía tiempo. Ellos, agradecidísimos, se sienten en deuda conmigo y siempre te intentan regalar algo, aunque sea una lechuga. Esta sociedad suele desechar a los mayores, no sé por qué, porque todos vamos a llegar a serlo. A mí no me gusta nada. Mi única opción era ayudar.

¿Cómo los han recibido?

Estrella: Muy bien, la verdad. Al principio, gente amable y maja. Luego, con el tiempo, descubres caracteres y algún problema de vecinos, como en cualquier comunidad. Nos hemos hecho muy buenos amigos, más allá del voluntariado con los gatos, por afinidad. A todos nos gusta este sitio y eso ya es un nexo importante. Tres adjetivos: solidaridad —sin necesitar ayuda, ya te la ofrecen—, cercanía y afinidad. Y también nos hemos hecho amistades en los pueblos de alrededor. Nos invitan a los actos culturales y deportivos de Cerezo de Abajo y Cerezo de Arriba. Estamos encantados.

Jesús: Aquí en Los Cortos hay poco contacto, porque la mayoría son gente de fin de semana, de Madrid, más individualista. Los que vivimos aquí de forma permanente sí hablamos mucho. Y algo importante: aquí tenemos tiempo para pararnos y hablar, cosa que en la ciudad no se tiene.

¿Cómo es un día normal?

Estrella: Me levanto pronto —me gusta madrugar—, voy a dar de comer a los gatos, hago las cosas básicas de casa y salgo a andar por los caminos. Después, jardín, leer, escuchar a los pájaros. Es un relax total, un balneario.

Jesús: Caminamos por aquí, hacemos gimnasia, hablamos con quien nos encontramos. Para la compra vamos un día a Riaza o a Cantalejo y compramos para casi toda la semana. Algún día compramos pan y lo guardamos. No es como en la ciudad, donde el supermercado está al lado y compras según necesitas: aquí te organizas de otra manera.

¿Lo mejor y lo peor de vivir en Los Cortos?

Estrella: Lo mejor, sin duda, la tranquilidad, que yo la valoro por encima de todo. Lo peor, el tema de los servicios y que todo está un poquito lejos.Captura de pantalla 2026 09 21 192140

Jesús: Lo mejor, el sosiego, respirar, los olores que en la ciudad no existen. Lo peor, las distancias.

¿Qué le dirían a alguien que se plantea jubilarse en un pueblo del Nordeste?

Jesús: Lo primero, que le guste la tranquilidad, el aire libre y la naturaleza. Si no le gusta eso, es muy difícil darle ningún consejo. Y después, lo práctico: tener un vehículo, calcular las distancias y saber que se va a vivir lejos de muchos sitios y de muchos servicios.

Estrella: Yo lo estoy recomendando a todo el mundo. Si es un buen amigo, le digo que se venga. Si es un enemigo, mejor que no, con total sinceridad: no querría verlo cada día. Desde que estoy aquí soy feliz. Esto es un mundo aparte.

Jesús añade una idea que subraya como conclusión de la entrevista: "El factor anti estrés más importante en las personas es el apoyo social, y en estos pueblos se consigue. Ese es un hándicap muy importante para tener, por lo menos, una cierta higiene mental".

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