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Colaboraciones

Redescubrir el mismo paisaje todos los días

En la cumbre del cerro de Fresno de Cantespino, en una caseta de chapa que funciona como torre de vigilancia, Ángel Valdés observa cada día el horizonte de la comarca con la mirada de un águila entrenada. Con 13 años de experiencia, este vigilante de incendios es capaz de distinguir entre una falsa alerta y un fuego real con precisión que las cámaras térmicas aún no alcanzan. Pero su especialidad está amenazada: la Inteligencia Artificial y la automatización avanzan mientras las torres con vigilantes humanos desaparecen lentamente. Una reflexión sobre cómo la tecnología reemplaza el conocimiento experto acumulado en décadas de soledad atenta en el territorio.
Por Evangelina Gutiérrez | Cronista de "Historias de labor y tierra"

«Los vigilantes de incendios sabemos distinguir entre una falsa alerta de fuego y uno real, pero las cámaras térmicas no siempre»

«Los que más valoran nuestro trabajo son los responsables de apagar incendios: bomberos y retenes; aunque para la Administración resultemos prescindibles»WhatsApp Image 2026 06 24 at 22.27.52 2

Ángel Valdés, vigilante de incendios, mirada y perfil de águila; tiene 52 años de vida y 13 de experiencia en el arte de observar, de descubrir cosas diferentes dentro de un paisaje estático y mutante a un tiempo. Se mueve con energía mientras sube y baja, de forma constante, el cerro de Fresno de Cantespino, el enclave desde donde escruta el horizonte que le toca vigilar. Es metódico hasta la médula, con ojo experto para detectar hasta la más mínima anomalía del entorno natural, y puede que uno de los últimos vigilantes de incendios, una especialidad que se ve amenazada por el avance de la Inteligencia Artificial.

El contacto

Conozco a Ángel desde hace algunos años, por eso directamente le escribo un mensaje y le pregunto si está disponible este sábado para narrarlo. Me responde inmediatamente que claro, por supuesto, pero me advierte: "Te va a resultar muy aburrido mi trabajo, eh, pero aquí estoy, a tu disposición para lo que necesites". "Gracias Ángel, siempre tan amable, no esperaba menos de ti. Ya vamos a ver si lo encuentro tan aburrido como dices".

La jornada comienza a las 11:00

Subimos con Ángel el dichoso cerro de Fresno de Cantespino, uno que emerge junto a la ermita románica que apenas proyecta algo de sombra a un enclave solitario y bañado por un sol lacerante que cae vertical sobre la caseta de chapa que han instalado a modo de "torre". Porque las torres de vigilancia de incendios —las que todos hemos visto alguna vez, las que parecen un faro—, esas están en proceso de retirada: "La instalación de cámaras térmicas, por parte de la Administración, está haciendo que las torres con vigilantes humanos desaparezcan", me deja caer Ángel mientras se coloca los prismáticos y enciende la radio.

La caseta es una auténtica cafetera y carece de energía eléctrica, por eso la radio se recarga con una placa solar. Una voz que sale de la radio pregunta si hay novedades por Fresno de Cantespino. Ángel informa de la temperatura, humedad, velocidad y dirección del viento. A continuación me dice "Vamos para arriba", sale de la caseta y escala el cerro unos metros, lo hace con envidiable agilidad, como alguien que está acostumbrado a ello. Luego dibuja un semicírculo con los prismáticos y sentencia que hoy el aire no está del todo limpio: "Hay una bruma, una especie de niebla, ¿lo has notado?". Le pregunto cómo tolera tanto calor. Me contesta que pronto le traerán una sombrilla los del Servicio Territorial de Medioambiente de Segovia, o eso le han dicho.

Aunque las torres en las que había trabajado antes, me comenta, como la que había de camino a Riaza, estaban mejor equipadas para su trabajo, la Administración continúa prefiriendo las cámaras en lugar de trabajadores. "Nosotros sabemos distinguir entre el humo de un tractor y el de un incendio; las cámaras no. De hecho dan cuenta de muchas falsas alertas y eso hace que se desplieguen recursos de forma innecesaria, al final suponen más gasto público que la contratación de vigilantes".

Durante el transcurso de la jornada subiremos de la caseta al cerro y lo bajaremos cada 15 o 20 minutos. El paisaje panorámico compuesto por tejados, pájaros quietos o en movimiento, veletas, sierras distantes y diminutos vehículos que se divisan a lo lejos continuará siendo el mismo para mí, pero nuestro protagonista descubrirá cosas nuevas, cosas que sólo él puede detectar después de conocerlo a la perfección. "¿Sabes quiénes son los que más valoran nuestro trabajo?" —me pregunta mientras apunta cosas en un formulario de papel—: "los bomberos, los retenes, todos los que se dedican a apagar incendios, porque les ahorramos trabajo y prevenimos bastantes desastres".

Los aliados estratégicos

El trabajo solitario de Ángel se verá interrumpido por la visita de Máximo, un agente medioambiental locuaz que no dejará de darnos conversación. Le preguntará a nuestro protagonista si necesita agua o cualquier otra cosa. Ángel le contestará que agua tiene y luego hablarán durante 10 minutos acerca del entorno, las novedades medioambientales (terminología técnica de la que no entendí un pimiento), la WhatsApp Image 2026 06 24 at 22.27.52 1despoblación —contexto indiscutible de cualquiera de estas crónicas— y las condiciones de trabajo.

A propósito de esto, antes de que el agente medioambiental se despida, llegarán ambos a la conclusión de que la caseta en la que nos hallamos es una auténtica chapuza. Además del calor insoportable que supone para quien le toque habitarla. Ángel me confesará que hay muy buen rollo entre los diferentes agentes que trabajan en temas medioambientales en la comarca, como este compañero que pasó a preguntarle si necesitaba algo; que se siente muy cómodo trabajando con ellos.

Me llamó la atención cuando tocaron el tema de la resistencia, porque emplearon esta palabra para referirse a la permanencia dentro del territorio. Hablaron de resistir.

Final de jornada, última hora de la tarde

Una jornada con más silencios que palabras, apenas interrumpida por frases intercambiadas a través de la radio: "Charly 3" dicen desde el otro lado de la radio (Charly son las autobombas, según la jerga del sector), a lo que nuestro protagonista responde algo parecido a: "Romeo 5" (Romeo equivale a retenes, por lo que pude enterarme). Más ruido de pájaros, más silencio y un vigilante de incendios que aún no parece cansado a pesar del calor o el peso de cualquier final.

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