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Iniciativas institucionales

El Bibliobús premia a niños de la comarca y a tres relatos sobre los oficios segovianos

El Palacio Provincial de la Diputación de Segovia acogió la entrega de premios del concurso de marcapáginas y microrrelatos de los Bibliobuses, en la que participaron escolares y adultos de distintos municipios de la provincia, entre ellos varios de la comarca Nordeste.

El patio de Columnas sirvió de escenario para un acto que cerró la campaña de animación a la lectura de los Bibliobuses centrada este curso en los oficios segovianos. Gabarreros, arrieros, trilleros, herreros y escardadoras tomaron forma en los marcapáginas de los niños y en las palabras de los participantes adultos.

Badr el Barrak, de Cerezo de Abajo, fue uno de los tres escolares premiados en la categoría Infantil de tres a cinco años, junto a Álex Rica de Palazuelos de Eresma y María Figaredo de Navas de Riofrío. En la categoría de Primer Ciclo de Primaria, los reconocimientos fueron para Idara Suárez de Palazuelos de Eresma y Luna Manso de Villaverde de Íscar. Salomé Martín, de Sebúlcor, recibió su premio en la categoría de Segundo Ciclo junto a Erik Ruano de Gomezserracín. Valentina Andray de Abades e Ian García de La Lastrilla completaron los galardones en la última categoría.

El segundo premio, para un relato con raíces en la comarca

En el concurso de microrrelatos, en su quinta edición, el primer premio fue para Pedro Blázquez por Recuerdos y añoranzas, un texto que repasa los oficios que marcaron la vida de la provincia y que hoy, según escribe el autor, viven en las páginas que lleva el Bibliobús.

El segundo premio recayó en Margarita Pérez de Cerezo de Abajo por su relato Segoviano, a tus oficios, que narra la conversación entre una madre y su hija a partir de un libro tomado prestado del Bibliobús. En la entrega, Margarita leyó su relato y explicó desde dónde lo había escrito.

"Gracias al servicio de Bibliotecas y Archivos de la Diputación de Segovia por convocar el concurso y por darnos la oportunidad. Es una oportunidad para celebrar, y no abundan. Pero sobre todo gracias por acercar historias a nuestros municipios", afirmó. Margarita señaló que, aunque el Bibliobús se asocia habitualmente a la infancia, no hay que olvidar a las personas adultas en los pueblos pequeños: "En los pueblos pequeños hay muchas personas adultas para las que los libros son la compañía que prefieren a la soledad, especialmente durante el invierno".

La autora explicó además el origen personal del relato. La madre del cuento está inspirada en su amiga Cristina, y la fotografía que aparece en la ficción es real: su abuelo guiando el trillo en el que va subida su madre con ella en brazos siendo bebé. "Este relato lo escribe alguien que ha crecido aprendiendo de su familia y de sus vecinos de Cerezo de Abajo. Cada día me siento más orgullosa de mis raíces y más afortunada de poder contar historias pasadas llenas de magia".

El tercer premio fue para Carmen Valentín por Cuatro estaciones, un texto escrito entre la prosa y el verso que recorre, con nostalgia, los oficios que se sucedían a lo largo del año.

El relato premiado, íntegro

A continuación se reproduce el microrrelato Segoviano, a tus oficios, de Margarita Pérez, segundo premio de la quinta edición del concurso:20260612 Entrega premios Concurso Marcapaginas y Microrrelatos 73

—Mamá, ¿me lees este cuento? ­—pregunta Nora dejando el libro en el regazo de su madre.

—¡Claro! —contesta Amelia mientras se fija en la portada —“Los oficios de Segovia”, ¿de dónde has sacado este libro?

—Es del bibliobús, lo he elegido porque sale un señor que se parece al de la foto que tienes ahí.

—Pues sí se parece, sí, te has fijado bien. ¿Sabes cómo se llama este tipo de dibujo? Se llama esgrafiado —dice Amelia al ver que la niña espera una respuesta —y es típico de aquí.

—¿De esta casa? —pregunta Nora sorprendida.

—¡No, cariño! De aquí, de Segovia —contesta Amelia intentando contener la risa.

Nora se sienta al lado de su madre en el sofá, Amelia la cobija debajo del brazo y empieza a leerle el libro.

—“Los oficios segovianos que se hacen con las manos. Aprenderás la tradición si escuchas con atención”.

Pronto la cabeza de Amelia viaja hasta su infancia mientras pasa las páginas. Reconoce todas y cada una de las escenas dibujadas. Es como si estuviera viendo a los vecinos del pueblo sentados en el escalón de sus casas haciendo aquellas largas trenzas de ajos mientras ella recorría las calles con la bicicleta. Como si viese a su abuelo tejer los grandes cestos de mimbre, todos distintos, todos preciosos, los que luego usaba su abuela para recoger la ropa secada al sol. Su padre ha intentado hacerlos en alguna ocasión, pero ya no son esos cestos, nunca lo serán. Es lo mismo que pasa con los florones de la abuela, ningún otro olerá ni sabrá igual.

Sonríe inconscientemente al recordar lo que le gustaba acercarse a la lona hecha con sacos para ver cómo la paja y el polvo salían volando cuando su abuelo beldaba los garbanzos. Quizás no era tanto por el interés, sino por la gracia que le hacía escuchar a su abuelo gritar: “¡Chica!¡Quítate de ahí que te vas a poner perdida!”.

Al cerrar el libro acaricia la contraportada con nostalgia. Cuando mira a su hija se da cuenta de que se ha quedado dormida. La coge en brazos con cuidado para llevarla a la cama y antes de salir por la puerta del salón se queda unos segundos mirando la foto de su abuelo guiando a la burra que tira del trillo en el que va subida su madre con ella en brazos. No puede evitar sentirse triste por la ausencia, pero afortunada y agradecida de haber podido aprender de sus orígenes y de llevar dentro el amor por la tradición segoviana que es, sin duda y aunque Nora aún no lo sepa, la mejor de las herencias.

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