Editoriales
Editorial: Castilla, Castilla, Castilla, levántate
En 1521, unos castellanos dignos, honrados y justos fueron derrotados en Villalar. Se habían levantado frente a Carlos I, que empleaba los recursos de la Corona de Castilla para sostener su proyecto imperial tras ser proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Aquella derrota fue una de las causas —no la única— por las que Castilla pasó a un segundo plano en la escena internacional durante siglos.
Como castellanos debiéramos recordar con rigor histórico lo que allí ocurrió: sus prolegómenos y sus consecuencias. Un pueblo que desconoce su historia está abocado a repetir los mismos errores del pasado.
Del asueto al consumo
Estamos en 2026. El 23 de abril es festivo en esta comunidad. La campa de Villalar se llena de actos reivindicativos y folklore autóctono, con un ambiente que por momentos recuerda al de una romería.
Sin embargo, para muchos castellanos el día se reduce a su condición de festivo. Las grandes ciudades atraen compras —no pocas veces compulsivas— y Madrid se convierte en destino para numerosos segovianos.
Cada cual es libre de vivir la jornada a su manera: asueto, descanso, viaje, vida familiar, desconexión. Ahora bien, conviene no olvidar qué significa el 23 de abril, qué sucedió hace más de cinco siglos, qué somos hoy como castellanos y, sobre todo, qué pretendemos como comunidad de cara al futuro.
Preguntas que esta comunidad no puede eludir
Las dificultades son conocidas: despoblación, pueblos que se quedan sin gente, energía que exportamos sin que genere desarrollo en nuestra tierra, servicios públicos que no llegan a todos los lugares, envejecimiento…
Todo eso es cierto. Pero la pregunta de fondo persiste: ¿qué queremos para esta comunidad? ¿Con quiénes tenemos que contar para proyectar un futuro próspero y equilibrado en Castilla y León? ¿Cómo conseguir que las comarcas rurales se sientan también protagonistas del porvenir?
Responder a esas preguntas y echar a caminar en esa dirección exige un ejercicio de inteligencia colectiva que no es fácil.
El valor del castellano y el horizonte por recorrer
El castellano es, mayoritariamente, sufrido y trabajador, y no suele caer en tentaciones extremistas en casi ningún ámbito de la vida. En esa moderación reside buena parte del valor de nuestra gente.
Pero para que ese valor fructifique hace falta escuchar a quienes viven aquí, motivarles a continuar en la tierra y no despreciarles. La dignidad y la bonhomía no residen en determinadas élites. Ser de pueblo es un orgullo. La falta de formación académica no hace a nadie inferior. Los emprendedores son un tesoro que conservar. La mujer tiene los mismos derechos y capacidades que el hombre. La capacitación profesional genera un talento que debe desarrollarse dentro de esta comunidad. Residimos en lugares con valores medioambientales y culturales únicos y envidiables. Acogemos al foráneo y lo integramos como uno más en nuestro entorno.
Por ahí debiéramos empezar a atisbar el futuro de Castilla y León.
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