Artículos culturales
Candar, miaja, orear: las palabras segovianas en desuso
Buena parte de este vocabulario está ligado a oficios y modos de vida que han desaparecido o se han replegado: la trilla, la matanza, la resinación, el pastoreo, la siega o la calefacción con leña. Cuando se apagan las prácticas, se apagan también las palabras que las nombraban. En un artículo titulado Las palabras empolvadas del desván, publicado en Tu voz en Pinares, Jesús Cámara Olalla describe esas voces como las que se guardan en la memoria junto a la orza, el dalle, la coyunda o el escriño.
Palabras que el diccionario sí recoge
Muchas de las voces que se oyen en los pueblos del Nordeste figuran en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque su uso se haya replegado al medio rural. Es el caso de candar (cerrar con llave), miaja (un poco de algo), orear (dar el aire para que algo se seque), rilar (tiritar), modorro (distraído o ignorante), vilordo (perezoso), barrujo (las hojas secas que cubren los pinares), amurcar (el golpe que da el toro con las astas) o morugo (taciturno, huraño).
La Academia incluye además términos con marca geográfica explícita de Segovia. Personera designa, según el diccionario, a la mujer que asiste a la alcaldesa en las fiestas anuales en honra de Santa Águeda. Tanganillo, longaniza pequeña, aparece marcado como propio de Palencia, Segovia y Valladolid. Y berrete, ese churrete que queda alrededor de la boca después de comer, figura en la RAE como castellanismo.
Las que la Academia no recoge
Otras voces no han llegado al diccionario y sobreviven solo en la transmisión oral. Sostro se usa para describir a quien actúa por detrás, sin dar la cara; lameruzo define al goloso; pítole son las bolas de tierra endurecidas como piedras; y mudarra o morga, los restos de comida que quedan alrededor de la boca de los niños.
Aparecen también deformaciones fonéticas asentadas desde hace generaciones: relámago por relámpago, raclán por alacrán o alcagüés por cacahuete. Y locuciones propias como en cá (en casa de), que cualquier vecino entiende sin pararse a pensar.
Más allá de los vocablos sueltos, el habla popular segoviana ha generado expresiones que solo cobran sentido entre quienes comparten un mismo lugar. "Está limpio como un jaspe" se dice del recién bañado y con muda limpia. "Ir a matacaballo", de lo que se hace con prisa. "El tío Camuñas" era la figura con la que se amenazaba a los niños para que se acostaran. Y "levántate, que ya han pasado las burras de leche" recordaba la hora a la que pasaban por el pueblo, hacia las seis de la mañana, los animales que repartían la leche casa por casa.
Quién guarda este patrimonio
El primer intento sistemático de recoger este léxico data de 1921, cuando Gabriel María Vergara publicó Materiales para la formación de un vocabulario de palabras usadas en Segovia y su tierra, y no incluidas en el Diccionario de la Real Academia Española. Desde entonces, vecinos, asociaciones y aficionados han ido sumando recopilaciones: el Vocabulario popular de Cobos de Segovia, el blog Palabrejas de Segovia —nutrido en parte por aportaciones del grupo de Facebook Segovianos por el mundo— o el Palabrario de localismos segovianos de Pinarnegrillo.
En el Nordeste de Segovia, donde la cultura oral sigue presente en muchos de los 57 municipios de la comarca, coplas, romances, motes y vocabulario forman parte del mismo tejido lingüístico que mantiene la memoria de los pueblos.
Una lengua que se hereda en las cocinas
El relevo, sin embargo, no está asegurado. Cada palabra que deja de usarse se va con la generación que la guardaba. Y con ella, una manera de nombrar el campo, la casa, la familia o el cielo. Recuperarlas exige escuchar a los mayores, anotar, preguntar y volver a usar las que aún se entienden.
El Nordeste de Segovia abre un palabrario comarcal y propone a sus lectores enviar las palabras y expresiones que recuerdan haber escuchado a sus abuelos, padres o vecinos. Las aportaciones servirán para componer un vocabulario propio de los pueblos del Nordeste.
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