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OPINIÓN Equidad territorial: qué es y qué puede cambiar en el Nordeste
Este verano el Gobierno aprobó la II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico. Un nombre largo para una idea bastante sencilla, que conviene entender bien porque nos toca de lleno a quienes vivimos en el Nordeste.
Qué quiere decir “equidad territorial”
Quiere decir que vivir en un pueblo no te deje con menos oportunidades que vivir en Segovia o en Madrid. Nadie pide un hospital en cada pueblo. Lo que se pide es que el médico venga con regularidad, que haya forma de llegar al centro de salud si no tienes coche, que la conexión permita trabajar desde casa y que encontrar una vivienda de alquiler no sea una odisea.
Igualdad sería dar a todos lo mismo. Equidad es dar a cada uno lo que necesita para llegar al mismo sitio. Y quien vive en una aldea de treinta vecinos necesita cosas distintas que quien vive en una ciudad.
Lo novedoso es que cambia la pregunta. Hasta ahora todo se medía por el padrón: si el pueblo ganaba vecinos, bien; si los perdía, mal. La nueva Estrategia pregunta otra cosa: si quien vive aquí, o quien querría venir, puede hacerlo con las mismas oportunidades que en la ciudad. Al presentarla lo resumieron así: que quedarse o volver al pueblo sea un derecho, no una heroicidad.
Cómo se quiere llevar a la práctica
La pieza más concreta es el llamado “País de los 30 minutos”: que cualquiera tenga los servicios del día a día a una media hora de casa. Viene acompañado de un Observatorio que medirá, territorio a territorio, dónde falla el acceso. Y de algo que ya está en marcha: revisar cada ley nueva pensando en cómo afecta al medio rural.
¿Y aquí qué?
El Nordeste son 57 municipios y 119 pueblos repartidos por casi una cuarta parte de la provincia, con unos 10.000 vecinos: poco más de cinco por kilómetro cuadrado. Solo Riaza, Sepulveda y Ayllón pasan de mil habitantes.
Mientras, la provincia crece: en 2025 llegó a 158.251 habitantes. Pero casi todo ese crecimiento se queda en once municipios, alrededor de la capital y junto a la autopista de Madrid. La media provincial sale bonita y esconde que comarcas como la nuestra van a otro ritmo.
Por eso la equidad nos conviene. Deja de juzgarnos por una cifra de habitantes que, con la edad media que tenemos, es casi imposible de remontar a corto plazo. Y nos permite pedir cuentas por lo que sí depende de las decisiones públicas: ¿a cuántos minutos está el centro de salud de cada pueblo? ¿Hay transporte para quien no conduce? ¿Hay casas para alquilar?
Lo bueno y lo que hay que vigilar
Lo bueno es que es una forma más justa de medir, que justifica dar más a quien parte de más atrás y que reconoce lo que el campo aporta a todos: agua, monte cuidado, menos incendios. Dejamos de ser solo receptores de ayudas. Además, deja ver cambios que el padrón no muestra: entre 2018 y 2024 llegaron a los pueblos pequeños más de 200.000 mujeres más de las que se fueron.
Lo que hay que vigilar es otra historia. Primero, que no se quede en una palabra bonita sin compromisos concretos. Segundo, que los “30 minutos” no sirvan de excusa para concentrar servicios en las cabeceras y vaciar los pueblos pequeños, y que esa media hora se cuente también para quien no tiene coche. Tercero, que las ayudas lleguen a quien más las precisa, muchos pueblos no tienen una estructura técnica que les permita afrontar la burocracia ligada a las solicitudes que plantean las administraciones y necesitan de apoyo externo que bien podrían ser una red de agentes de desarrollo rural. Y cuarto, que sanidad, escuela y transporte dependen de la Junta, no del Estado: sin coordinación, la Estrategia marca objetivos que tienen que cumplir otros.
Qué podemos esperar
Siendo realistas, más datos y un marco común que dinero nuevo a corto plazo. Lo más útil que puede traernos es una vara de medir: cuando el Observatorio publique sus indicadores sabremos, con cifras oficiales, dónde estamos. Lo demás depende de la Junta, de cómo se repartan los fondos y de lo que decida Bruselas sobre el futuro de LEADER a partir de 2028.
Mientras tanto, podemos adelantarnos: medir nosotros mismos a cuánto está cada pueblo de lo esencial y llevar esos datos a cada administración. Porque el censo cuenta personas, pero la equidad debería contar si esas personas tienen motivos para quedarse.
Fuentes: II Estrategia (MITECO, julio 2026), CODINSE, elDiario.es (marzo 2026) y Serrano, Pérez y Suñén, AGER (2025).
FDO: CONDINSE



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