Nuestros pueblos
Carabias, Pradales y Ciruelos: tres pueblos, un municipio y la huella guerrillera
Carabias: piedra, caminos y fauna
Carabias, cuyo nombre hace referencia a la abundancia de piedras en el terreno, ocupa el entorno del kilómetro 130 de la A-I y se sitúa a unos 25 kilómetros tanto de Sepúlveda como de las Hoces del Río Duratón. El núcleo perteneció históricamente a la Comunidad de Villa y Tierra de Maderuelo.
En el centro del pueblo se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, también conocida como San Juan Degollado. El término conserva además una Posada Real de Caminos, que en su día daba alojamiento a viajeros y descanso a las caballerías, y donde se cobraba el peaje de personas y mercancías mediante una cadena que ejercía de barrera.
El arroyo de la Hoz atraviesa el término y en su momento abasteció a tres molinos, dos de ellos dentro del término de Carabias y un tercero en el de Cedillo de la Torre. El monte alberga encinas, robles, enebros, sabinas, pinos negrales y nogales, y la abundancia de conejos sostiene poblaciones de zorros, lobos, gatos monteses, hurones, águila real, águila perdícera, búho real, lechuza, cernícalo y halcón, entre otras especies.
En las afueras del pueblo se localiza el yacimiento arqueológico de Los Quemados, donde destaca una muralla con un perímetro a
proximado de 1.300 metros, considerada una de las mejor conservadas de la provincia de Segovia. Se trata de una fortificación construida por los arévacos para frenar el avance de las tropas romanas.
Pradales: pastos, viento y románico en lo alto
El nombre de Pradales remite a los abundantes pastizales de su entorno. El pueblo se asienta a los pies de la Sierra de Pradales, en cuyas cumbres funciona un parque eólico. En lo más alto del caserío se levanta la iglesia parroquial de la Visitación de Nuestra Señora, de origen románico. Del período románico conserva canecillos lisos, el ventanal del ábside y la portada principal.
El interior es de una sola nave. En el retablo mayor, de estilo barroco, se expone una imagen románica de la Virgen con el Niño. A la entrada del pueblo, en un paraje junto al camino, se mantiene en pie un palomar tradicional de los que caracterizan muchos núcleos del nordeste segoviano.
Ciruelos de Pradales: frutales y románico en la Serrezuela
Ciruelos de Pradales toma su nombre de la abundancia de árboles frutales que debió de poblar el lugar en su origen. El núcleo forma parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda desde sus inicios, aunque pertenece administrativamente al municipio de Pradales.
El territorio está dominado por montes, pastos y arroyos de escaso caudal, lo que ha hecho de la ganadería el sustento principal de sus vecinos. En el término destaca la Sierra de Peñacuerno, integrada en la Serrezuela, donde también se instala el parque eólico.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad es de origen románico. De ese período conserva la portada principal, cuya primera arquivolta se decora con rosetas de cuatro pétalos inscritas en círculos.
El Empecinado y el Cura Merino en estas tierras
El entorno de Pradales, Carabias y Ciruelos de Pradales fue escenario de varias acciones del guerrillero Juan Martín Díez, "El Empecinado", durante la Guerra de la Independencia.
Una de las operaciones de mayor repercusión tuvo lugar junto a Carabias: oculto en las inmediaciones del pueblo, El Empecinado dejó pasar la columna de vanguardia francesa y se lanzó sobre un carruaje que trasladaba a una dama de la familia del mariscal Moncey, escoltada por doce soldados entre dos columnas de 6.000 hombres cada una. El guerrillero se apoderó de la dama, sus equipajes, alhajas y dinero antes de que la retaguardia advirtiera el suceso.
Poco después, una partida apresó cerca de Carabias a siete soldados franceses que requisaban víveres y plata de las iglesias. En otra acción, mientras pernoctaba en Ciruelos, El Empecinado se vio cercado al amanecer por 700 hombres. Logró abrirse paso, aunque resultó herido de un sablazo y perdió nueve hombres, que los franceses ahorcaron en Aranda.
En el invierno de 1808, sus fuerzas aniquilaron en Fuentidueña un destacamento de 40 dragones que había salido de Aranda de Duero en busca de víveres. A lo largo del primer trimestre de 1809, la provincia de Segovia se convirtió en el escenario principal de sus operaciones.
Las cuevas del entorno sirvieron también de refugio al guerrillero Jerónimo Merino, el Cura Merino, que en varias ocasiones se ocultó en la zona.
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