Nuevos vecinos
Vicky y Patricia, de Alicante a Valdevarnés con su hija pequeña
Nuevos pobladores recoge los testimonios de quienes han llegado a vivir o han vuelto a los 57 municipios del Nordeste de Segovia. Vicky Asenjo y Patricia son la tercera entrega de la sección, tras la pareja de Ribota y la pareja argentina instalada en Grajera.
Vivían en Alicante, donde nació su hija. La subida de los alquileres, la falta de espacio y la posibilidad de contar con la familia paterna para el cuidado de la niña les llevaron a plantear la mudanza. La decisión se concretó cuando Patricia consiguió trabajo en una residencia de la zona en enero de 2025. Ella empezó al día siguiente de la entrevista. Vicky regresó a Alicante para organizar la mudanza y, la semana siguiente, encontró empleo en la panadería M. Sanz de Boceguillas, donde sigue trabajando.
¿Cómo se decidieron a venir?
Cuando nació nuestra hija empezamos a ver que la casa se nos quedaba pequeña y que los alquileres en Alicante estaban por las nubes. Empezamos a valorar el cambio como una idea un poco ilusoria. Patricia comenzó a mandar currículos a empresas de la zona, porque aquí tengo a mi familia y nos podían ayudar con la niña. En enero de 2025 la llamaron para una entrevista en una residencia. Vinimos sin decir nada a nadie y ese mismo día le dijeron que empezaba al día siguiente. Patricia y la niña se quedaron en casa de mi madre y yo volví a Alicante para despedirme del trabajo y hacer la mudanza. A la semana siguiente conseguí trabajo en la panadería.
Una vuelve, otra llega. ¿Qué ha supuesto el cambio para cada una?
Para mí, volver al pueblo donde he nacido y crecido ha sido un soplo de aire fresco: donde vivíamos, el calor y el ambiente son totalmente diferentes.
Patricia lo ha llevado un poco peor. Se ha separado de su familia por primera vez y volvimos en invierno, cosa a la que no estaba acostumbrada. Aun así, las dos pensamos que el cambio ha sido a mejor. Hemos mejorado en calidad de vida y en tranquilidad, y nuestra hija aquí tiene mucha más libertad. Patricia siempre ha vivido en ciudad y lo que más le chocaba era que aquí todo el mundo tiene que saber la vida de todo el mundo. Pero la cercanía y la amabilidad del pueblo nos encanta a las dos.
¿Qué dificultades encuentran que en la ciudad no se imaginan?
El principal problema es la vivienda: no hay casas para alquilar, y es una pena con la cantidad de casas vacías que hay. Los ayuntamientos tienen vivienda social muy mal gestionada. En año y medio
no se han puesto en contacto conmigo, y sé que algunos de esos pisos los tiene alquilados gente que viene solo de fin de semana o incluso solo en verano.
Otro problema es que no hay tiendas donde comprar dando un paseo. Aquí necesitas coche para todo.
Y el más grave es el abandono sanitario. Llamas para pedir cita y el médico supuestamente viene un día por semana, pero si solo estás tú no viene, y tampoco te avisa para que vayas a otro consultorio. Con las urgencias, igual. He tenido dos sustos con mi hija. En Ayllón, que es la que nos corresponde, no hay pediatra. La primera vez me dijeron que al ser un bebé no podían valorarla, que la llevase al hospital: una hora perdida para nada. La segunda, el médico había salido a otra urgencia y no sabían cuánto tardaría en volver. Mi hija con fiebre y muy débil. Una vergüenza.
¿A qué se dedican cada una ahora?
Patricia está en casa cuidando de nuestra hija y en búsqueda de trabajo. Yo llevo trabajando en la panadería M. Sanz de Boceguillas desde que llegué. Al tener coche voy y vuelvo sin problema, y aprovecho que allí sí hay tienda, farmacia y estanco para hacer las compras diarias.
¿Cómo las han recibido en Valdevarnés?
La gente nos ha acogido muy bien. No somos "las de fuera": a mí me conocen de siempre y Patricia había venido muchas veces al pueblo. Nuestra hija es el juguete de todo el pueblo: es muy extrovertida y se los metió en el bolsillo desde el principio. Tres adjetivos para describir el ambiente vecinal: amabilidad, respeto y felicidad. Sabemos cómo es la vida en los pueblos —que todo el mundo sabe la vida de todos—, pero en Valdevarnés se respeta bastante la intimidad y la forma de vida de cada uno.
¿Cómo es un día normal entre semana y un sábado?
El día a día es muy rutinario. Yo no tengo un día libre fijo. Si trabajo de mañana, Patricia se encarga de levantar y preparar a la pequeña para el colegio, y después vuelve a casa, la arregla, busca trabajo y estudia. Cuando salgo, recojo yo a la niña; comemos y nos echamos la siesta. Después, vamos a casa de mi madre —donde mi hija es feliz—, salimos a dar un paseo o cogemos el coche.
El día libre, si la niña no tiene colegio, aprovechamos para irnos a Madrid o a visitar algún sitio. La compra del mes la hacemos en Aranda de Duero. Si falta algo, lo traigo de Boceguillas al volver del trabajo, igual que las medicinas. Al médico solemos ir a Campo de San Pedro y al pediatra a Riaza. La mayoría de las gestiones las hacemos por internet y, si no, nos desplazamos hasta Segovia.
¿Lo mejor y lo peor de vivir en Valdevarnés?
Lo mejor, sin duda, la tranquilidad. Donde vivíamos había ruido noche y día; aquí, sales a la calle sin tanto coche ni gente extraña que te preocupe. Lo peor: la falta de servicios básicos del día a día y
no poder salir a comprar dando un paseo.
¿Qué le dirían a alguien que está pensando en mudarse a un pueblo del Nordeste?
Si tienes coche, es lo mejor que puedes hacer. Y con niños, aún mejor: criar a un niño con la tranquilidad de un pueblo y espacio para correr y jugar es lo que más he valorado. Espabilan y se desarrollan; el terreno irregular les mejora el equilibrio, y el contacto con la naturaleza y el aire limpio les ayuda a ser más empáticos.
Los consejos son los típicos: imprescindible tener coche, las comunicaciones son escasas y hay que tener claro que esto no es una ciudad. Ir al cine, por ejemplo, exige bajar hasta Aranda; ir de compras, también.
En zonas rurales los vecinos son como una gran familia. Los cotilleos van intrínsecos a la vida de un pueblo, pero es bonito cómo no dudan en ayudarte si está en su mano o en regalarte unos tomates cuando les sobran del huerto.
"En nuestro caso, el hecho de ser dos mujeres en una zona rural me preocupaba al principio: mucha gente mayor no lo entiende todavía. Pero en Valdevarnés, en ningún momento nos han dicho nada ni nos han puesto mala cara. Es algo que quiero remarcar".



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