El 13 es tu número…
Sí, aquí me quedan 8 aunque tendré que salir a rastras. -- Nos dice riendo.
¿Cómo consigues atender a todos los pueblos y San Frutos?
Te organizas. Hay algunos pueblos muy pequeños como Aldeonte y El Olmo donde solo celebramos fiestas. Hay con-celebradores de la palabra en toda la zona del Nordeste, las religiosas y otras personas que nos ayudan a atender a todos.
Aparte de las misas, ¿hacéis otro tipo de actividades?
Sí, de atención personal, cercanía a la gente, de apoyo... Realmente lo de la España Vaciada no es cierto, porque no está vacía ni deshabitada, sigue quedando gente que requiere una presencia, asistencia…Tiene unas necesidades y nosotros, en algunos asuntos, somos más rápidos y cercanos. Hay situaciones que no se resuelven con facilidad y te conviertes en persona de referencia.
¿Cómo es un día normal tuyo?
Cada día es distinto. Misas siempre tengo en un sitio o en otro, surgen entierros, mañana tengo Bodas de Oro… Tienes que ir a Segovia a formación, al obispado…, estar pendiente de los templos. El otro día le cayó a un vecino el nido de la cigüeña en Navares de las Cuevas, y tienes que resolverlo porque tenemos un seguro común que no asegura nada que tenga que ver con nidos de cigüeña. Hay goteras, iglesias que mantener, retablos muy interesantes por restaurar... La primera hora es la más aprovechable, aunque a veces a las 8 estás en danza, empiezan a surgir cosas… y menos mal que has dejado preparado algo para comer; pero hay días muy tranquilos, especialmente en invierno.
¿Qué mensaje te gustaría trasmitir?
Estamos viviendo tiempos muy difíciles. A nivel del Arciprestazgo curas y celebradores nos planteamos el tema del abandono de la práctica religiosa: la gente ha dejado de ir a la iglesia salvo casos puntuales de fiestas, entierros, bodas y bautizos cada vez menos. Detrás puede haber una pérdida de la identidad creyente, y la media de edad es cada vez más alta. Estamos viviendo un cambio de época y, aunque el Evangelio es atemporal, requiere aterrizaje. Intentas dar cercanía, dar vida a esto, le pones ganas, pero con muchos interrogantes.
Mientras se resuelven esas incógnitas, este segoviano, que baila bien la jota, sigue haciendo muchos kilómetros diarios, que merecen la pena porque su mayor satisfacción es el encuentro con la gente de los pueblos y sus realidades, ser esa mano necesaria, no exenta de humor y buen talante. A su manera, intenta renovar, hacer algún pequeño cambio que mantenga viva la iglesia y la acerque a la realidad actual. Sin duda, es un lujo tenerle en el Nordeste repartiendo tiempo de sosiego, luz, ayuda y una sonrisa por nuestros lugares.