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Mateo Martín: "Llegan más los anuncios que los resultados"
Con tres años al frente de su propia explotación, Mateo Martín Arribas forma parte de la minoría de jóvenes que ha decidido quedarse en el campo del Nordeste de Segovia. Compagina agricultura y ganadería en Saldaña de Ayllón y describe un oficio que, en poco tiempo, ha cambiado de arriba abajo.
Explotaciones más grandes, menos manos
A su juicio, las explotaciones de la comarca son hoy mayores y están más tecnificadas: más maquinaria, más control sobre la alimentación y la sanidad del ganado y más herramientas de gestión. Pero ese avance convive con una pérdida de fondo. "Cada vez hay menos gente viviendo del campo", resume. Donde antes casi cada casa tenía a alguien dedicado a la agricultura o la ganadería, ahora quedan muchos menos.
A ese vaciado se suman los costes y la carga administrativa. Martín habla de unos gastos que "han subido muchísimo" y de un volumen creciente de papeleo y exigencias para poder trabajar.
La rentabilidad, el primer freno
Preguntado por qué frena a un joven a incorporarse —el precio de la tierra, la rentabilidad, la burocracia o la falta de servicios—, no duda: la rentabilidad. Un joven, sostiene,
necesita ver que tras invertir dinero y horas podrá "ganarse la vida dignamente".
Por detrás sitúa la burocracia, con trámites cada vez más complejos, y la falta de servicios en los pueblos, que pesa cuando alguien joven quiere formar una familia y desarrollar su vida en el territorio.
Escepticismo ante las medidas
Sobre las medidas institucionales —la Estrategia de Relevo Generacional que la Comisión Europea presentó en octubre de 2025 y la prioridad que las instituciones han fijado para 2026—, Martín se muestra escéptico. "Llegan más los anuncios que los resultados", afirma.
Valora que las administraciones se ocupen del asunto, pero en el día a día sigue viendo que a los jóvenes les cuesta incorporarse. Las ayudas, dice, sirven de apoyo, pero no resuelven el problema por sí solas: lo que hace falta es que las explotaciones sean rentables y ofrezcan estabilidad y futuro.
Recomendar el oficio, con condiciones
Pese a las dificultades, recomendaría la profesión a un joven de su pueblo que lo tenga claro. La define como un oficio duro, de mucha responsabilidad y sin horarios, pero con recompensas: trabajar para uno mismo, estar ligado al territorio y sostener la vida de los pueblos.
Eso sí, pone una condición: "Le diría que entre con los pies en el suelo, sabiendo que hace falta inversión, formación y mucha dedicación".
Si tuviera que señalar una sola palanca, sería garantizar "una rentabilidad justa" para las explotaciones. A partir de ahí, propone reducir burocracia, facilitar el acceso a la financiación para las nuevas incorporaciones y mejorar los servicios en los pueblos. El objetivo, subraya, no es solo atraer jóvenes al campo, sino darles motivos para quedarse durante años.
Una llamada de atención
Martín cierra con la frase que recorre las movilizaciones agrarias: "Nuestra ruina será vuestro hambre. Si el campo no produce, la ciudad no come". No la entiende como una amenaza, matiza, sino como "una llamada de atención": detrás de cada alimento hay agricultores y ganaderos trabajando todo el año, y el campo, además de producir, mantiene vivos los pueblos y cuida el territorio.
Su reflexión enlaza con el debate de fondo sobre el relevo generacional: si el sector sigue perdiendo explotaciones, producir alimentos será cada vez más difícil. "Lo que le pase al campo nos afecta a todos", zanja, "vivamos donde vivamos".




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