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Alba Barrio, alcaldesa de Grajera: «La vivienda nos ha hecho crecer»
Con esta entrevista arranca 'Voces del territorio', una serie en la que El Nordeste de Segovia dará la palabra a alcaldes, alcaldesas y asociaciones de la comarca para hablar de los retos de sus municipios, la despoblación y su relación con las administraciones. Abre la serie Grajera.
Mientras la mayoría de los pueblos de la comarca pierde vecinos, Grajera los suma. El municipio, situado junto a la A-1 y perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, ha pasado de unos 90 habitantes a comienzos de siglo a superar los 250 en la actualidad, según el INE.
La clave de ese crecimiento, según su alcaldesa, no es la cercanía a Madrid, sino algo más concreto: tener casas disponibles y en condiciones. Alba Barrio Martín dirige el ayuntamiento desde mayo de 2023.
En esta conversación aborda el reto de la vivienda, la gestión del agua ante una población que varía mucho a lo largo del año y su petición a las administraciones: menos condiciones y más margen para decidir.
¿Cuál es el principal reto que tiene hoy Grajera y qué está haciendo el ayuntamiento para hacerle frente?
Pues, como en la mayoría de los municipios, la vivienda. Estamos mucho mejor que otras localidades cercanas, pero el parque de vivienda disponible ahora mismo es prácticamente nulo. Esperamos que con el plan de vivienda que va a desarrollar el Gobierno central se pueda reactivar, y que esas pocas viviendas privadas pero vacías que aún quedan en Grajera puedan ponerse a disposición de la administración para su alquiler.
La despoblación golpea a casi toda la comarca, pero Grajera es una excepción y gana habitantes. ¿A qué lo atribuye?
A la vivienda. La disposición de vivienda ha sido esencial para que Grajera pudiera crecer en población. Al principio era mucho de segunda residencia, pero poco a poco cada vez hay más gente viviendo de continuo. Eso nos ha permitido pasar en veinte años de apenas 90 habitantes a los más de 270 que tenemos actualmente.
¿Qué le pediría a la Diputación de Segovia, a la Junta o al Gobierno central por los municipios pequeños?
A la Diputación Provincial le pediría que nos deje gestionar libremente a los ayuntamientos. En líneas generales ha ampliado la cantidad de dinero que da a los consistorios, pero cada vez la ha condicionado más, tanto en el tipo de actuaciones que se pueden realizar como obligando al ayuntamiento a poner una cantidad mínima.
Esto deja sin liquidez a los ayuntamientos para realizar cualquier compra u obra por su cuenta. Si la Diputación dispone de un dinero para Grajera, que se lo dé sin condicionantes, porque a veces no tengo que hacer una obra de 35.000 euros, sino cinco de 6.000, y eso no se permite. Además, para darte los 35.000 obligan a que el ayuntamiento ponga 15.000, con lo que al final se comen todo el presupuesto, en el caso de que puedas tener esos 15.000. Puedo entender que se fije un fin —servicios, infraestructuras, gasto no corriente—, pero que haya libre disposición para gastar en lo que cada alcalde sabe que su pueblo necesita.
De la Junta de Castilla y León pediría simplicidad en los procesos: es un organismo complejo y con bastantes trabas administrativas. Y al Gobierno central, que cuando desarrolle nuevas leyes las pase por el filtro de las zonas rurales y de los municipios pequeños, que no tenemos los medios de personal necesarios para elaborar, por ejemplo, toda la documentación para acceder a los fondos Next.
¿Qué está atrayendo a la gente, y tiene el ayuntamiento capacidad para dar servicios a ese crecimiento?
En un primer momento, la gran acogida de Grajera, sobre todo de gente de Madrid, es su cercanía a la A-1. Pero, como decía, tener vivienda disponible y en buenas condiciones de habitabilidad es lo que ha sido determinante para que la población se quede.
En cuanto a los servicios, cuando entré como alcaldesa toda la red de agua y saneamiento acababa de ser renovada, así que no supuso gran problema. De unos años a esta parte la calidad del agua empeoró y eso nos obligó a instalar un filtro. Sí se están generando algunas faltas de suministro, porque hay mucha variación de población de unos meses a otros, pero ya estamos haciendo los estudios de consumo necesarios para valorar propuestas y mejorar el servicio.
Con tantas segundas residencias y turismo, ¿se crea comunidad y arraigo o la gente viene y se va?
Siempre he dicho que Grajera es un pueblo que acoge. Por poco tiempo que se pase en él, en cuanto te cruzas dos veces con alguien ya entablas conversación, sobre todo en la panadería o en el bar. He casado a gente que apenas llevaba dos meses con la vivienda aquí; eso es porque Grajera ya ha entrado en sus vidas y quieren que siga formando parte de ellas.
Al turista siempre se le ha tratado bien. En Grajera, por suerte, el turismo no ha crecido a costa de quitar viviendas: los apartamentos rurales, las casas rurales, el hotel y el hostal se crearon en su momento para ese negocio. Por eso no existe la llamada "turismofobia", porque no se está quitando la vivienda a nadie. Por raro que parezca, en Grajera no hay ninguna vivienda de uso turístico.
¿Qué hace el ayuntamiento para acompañar a quien llega, y qué le falta al pueblo para retenerlos?
El ayuntamiento, y en concreto todos sus trabajadores, siempre tienen buena disposición para ayudar en lo necesario a quien llega, tanto en labores administrativas como generando encuentros para crear lazos entre vecinos. El mayor porcentaje de gente que decide marcharse de Grajera lo hace por motivos laborales. Quizá no tengamos en la comarca una oferta lo suficientemente variada como para retener ciertos perfiles.




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