Editoriales
EDITORIAL. El Nordeste de Segovia necesita casas antes que promesas
Dos caras del mismo problema
Las protestas que recorren las ciudades reclaman precios que se puedan asumir con un sueldo. En los pueblos de la comarca la demanda empieza un paso antes: que haya viviendas.
El Nordeste ha pasado de unos 32.000 habitantes en los años 50 a cerca de 10.000, según los datos de CODINSE. Pero el diagnóstico ha cambiado. Ya no basta con preguntarse por qué se van los vecinos; hay que preguntarse por qué no pueden quedarse o llegar los que quieren hacerlo.
Hay empleos con condiciones adecuadas que siguen sin cubrirse porque quien podría ocuparlos no encuentra dónde vivir. Hay jóvenes de la comarca que quieren hacer aquí su vida y no pueden. «Aquellos que vienen o que quieren venir se encuentran el obstáculo de la vivienda», resume la gerente de CODINSE, María del Mar Martín.
La paradoja es que casas hay. Muchas están vacías, cerradas o en ruinas. Otras se abren unas semanas al año y sus propietarios prefieren no alquilarlas. Existen, pero no están en el mercado.
Lo que enseña Grajera
Grajera ha ganado población durante veinte años por una razón que su alcaldesa, Alba Barrio, explica sin rodeos: había viviendas. El teletrabajo convirtió segundas residencias en primeras y dio la vuelta a la relación entre el pueblo y la ciudad.
Hoy ese crecimiento se ha detenido porque la oferta se ha agotado. La lección vale para toda la comarca: la vivienda atrae vecinos y su ausencia marca el límite.
Barrio apunta además un camino: rehabilitar antes que urbanizar. Las casas del casco ya tienen agua, luz y saneamiento. Crecer hacia las afueras obliga a extender redes que acaban pagando las administraciones.
Una casa no basta
Fijar población exige también poder vivir alrededor de esa casa. Un transporte a la demanda que lleva al vecino al médico pero no le garantiza la vuelta. Una fibra óptica que llega a casi todos los pueblos y una cobertura móvil que desaparece al cruzar la puerta. Una sanidad que condiciona la decisión de jóvenes y jubilados por igual.
Son problemas conocidos. Lo que falta es que alguien se comprometa a resolverlos con plazos y cifras.
Lo que deberían responder los candidatos
En siete semanas se vota en las generales. En mayo de 2027 llegan las municipales, de las que saldrán también los nuevos gobiernos de la Diputación. Son dos citas y dos niveles de responsabilidad.
A quienes aspiran al Congreso y al Senado les corresponde explicar cómo piensan sacar al mercado la vivienda vacía de los pueblos pequeños: qué garantías tendrán los propietarios que alquilen, qué ayudas a la rehabilitación estarán pensadas para un municipio de doscientos habitantes y no para un bloque urbano, y cuándo llegará la cobertura móvil a todas las casas.
A quienes se presenten a las alcaldías les corresponde algo más cercano: saber cuántas casas vacías hay en su pueblo, hablar con sus dueños, mediar, crear bolsas de vivienda y, como propone la alcaldesa de Grajera, sumar fuerzas con los ayuntamientos vecinos en lugar de competir entre ellos.
Los programas electorales suelen hablar de despoblación en abstracto. Este periódico preguntará a cada candidatura algo más concreto: cuántas viviendas, dónde y cómo. Porque en el Nordeste de Segovia la pregunta no es solo cuánto cuesta vivir, sino si hay dónde hacerlo.
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