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La opinión de nuestros lectores

La dependencia de no tener coche

Una vecina que no conduce recibe cita médica en Segovia un jueves de agosto a las diez de la noche. Solo hay un autobús, y sale a primera hora de la mañana. A partir de ese caso concreto, este artículo plantea hasta qué punto la falta de transporte público convierte la vida en el Nordeste de Segovia en una dependencia forzosa del vehículo particular.

Por Xiomara Cantera 

A mi vecina le acaban de llamar para confirmar la prueba médica que llevaba meses esperando. Está feliz. La atenderán un jueves de agosto a las 22.00 horas. Mi vecina no conduce.

¿Cómo llegará a la capital de la provincia, el lugar de referencia para ir al médico o para solicitar y acceder a los servicios a los que tenemos derecho, si solo sale un autobús a primera hora de la mañana? ¿Y cómo volverá a su casa?

Siete horas para llegar a Segovia

Si uno busca cómo ir a Segovia en transporte público, Google Maps organiza un trayecto de alrededor de siete horas que pasa por Madrid y que obliga a coger dos autobuses, el metro, el servicio de cercanías, un AVE y otro autobús para llegar al centro. Para ir a Aranda de Duero, la ciudad con hospital más cercana, el trayecto mínimo son dos horas.

Vamos, que estamos trabajando para reducir el uso del vehículo particular con ciudades en las que en quince minutos se pueda acceder a lo básico, y aquí, igual que en Teruel o en Extremadura, seguimos esperando un transporte que permita movernos sin conducir.

Más allá de la incomunicación que provoca y del coste económico y ambiental de no disponer de una red funcional, la pregunta de fondo es otra: ¿cuánto aumenta tu grado de dependencia si no puedes conducir y vives en una parte de esta España abandonada?

Una red que funciona al límite

Disponemos de un servicio que interconecta los pueblos de la zona y se ponen servicios puntuales para grandes eventos o para acudir a las fiestas. Es complejo adaptarse, pero somos pocos y hay que organizarse.

Contamos con el autobús de primera hora que lleva a Segovia. Hay también dos autobuses diarios entre El Burgo de Osma y Santo Tomé del Puerto, donde conectan con los que cubren el trayecto de Aranda a Madrid. Si hay sitio, puedes llegar a la capital del país. Esa organización limita mucho la disponibilidad de asientos, pero parece que poner más vehículos no termina de compensar. Teniendo en cuenta que para llegar a cualquier otro punto del país lo más operativo acaba siendo pasar por Madrid, no es suficiente.

El tren que nunca llega

Cuentan que hay una tuneladora atascada en algún punto de Somosierra y que sacarla es tan caro que el tren nunca pasará por el Nordeste de Segovia. La autovía que conecta el País Vasco con Madrid, la A-1, no parece que vaya a tener su línea ferroviaria asociada, como sí ocurre con el resto de radiales que vertebran el mapa del país. Cuentan que es por esa tuneladora y porque en su momento se apostó por conectar Valladolid y no Soria, vaya usted a saber por qué.

Tampoco hay línea de alta velocidad que acompañe a la A-5 hacia Extremadura, pero al menos allí cuentan con un tren regional, el mismo tipo de tren que llega a ciudades como Donostia, Irún o Vitoria. Disponer de una línea ferroviaria, que no tiene por qué ser de alta velocidad, facilitaría el acceso y las posibilidades de la región tanto a nivel particular como industrial.

Menos uso, menos servicio

El transporte es un elemento básico para vertebrar el territorio y garantizar los mismos derechos a toda la población. Aquí estamos lejos de unos mínimos razonables y, ante la ausencia de alternativas, acabamos optando por que cada uno se busque la vida y se apañe según sus posibilidades.

En estas condiciones reducimos el uso del servicio público y quienes lo gestionan encuentran la excusa perfecta para eliminarlo: nadie lo usa. Es una estrategia que lleva aplicándose décadas y que va minando los servicios públicos mientras aumenta la desigualdad social.

Es vital que exijamos que esas redes se creen o se vuelvan a conectar, para evitar que vivir en el Nordeste, o en zonas con una idiosincrasia parecida, sea sinónimo de aislamiento y de una dependencia insalvable del vehículo particular.

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