
La opinión de nuestros lectores
OPINIÓN DE NUESTROS LECTORES: La España rural no se vacía sola
Fdo: Agustina Sanz
Escribimos estas líneas desde un pequeño pueblo del nordeste de Segovia. Uno de esos pueblos de la llamada España vaciada, de los que aparecen en discursos políticos, campañas institucionales y promesas electorales cada vez que se habla de despoblación.
Nos dicen que hay que volver al medio rural. Que hay que facilitar que la gente pueda vivir en los pueblos. Que hay que luchar contra el abandono y garantizar servicios para que nuestros mayores puedan permanecer en sus casas y en su entorno.
Pero, cuando llega el momento de la verdad, quienes vivimos aquí nos preguntamos: ¿de verdad alguien cree que es posible vivir en un pueblo si, cuando necesitas ayuda, los servicios existen solo sobre el papel?
Doce horas de ayuda al mes
M.A.S. tiene 63 años, vive solo y lleva alrededor de dos años con parkinsonismo y deterioro cognitivo. Está siendo revisado para un grado II de dependencia, prácticamente ya reconocido.
Tiene concedida ayuda a domicilio durante 12 horas mensuales, por las que paga 15 euros la hora. También recibe comida a domicilio a través de CODINSE, un servicio del que queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento por la atención y el trato recibido.
Es decir: hay profesionales y servicios que hacen una labor imprescindible y por los que solo podemos estar agradecidos.
Pero cuando hemos intentado solicitar algo tan necesario como una plaza en un centro de día, la realidad ha vuelto a imponerse.
Sin ruta de transporte no hay centro de día
M.A.S. necesita un control adecuado de su medicación. Necesita terapia cognitiva, ejercicios y rehabilitación para sus problemas físicos, seguimiento, estimulación y, sobre todo, contacto social. Necesita mantenerse activo y acompañado.
Sin embargo, nos hemos encontrado con un problema que a cualquier persona que viva en una ciudad podría parecerle absurdo: no existe servicio de ruta para determinados pueblos pequeños.
Y así llegamos al problema de fondo. En un pueblo de menos de 25 habitantes, donde la mayoría de los vecinos son ya personas jubiladas, no disponer de transporte para acudir a un centro de día significa, sencillamente, no poder acudir.
No hablamos de un capricho. Hablamos de una persona de 63 años, con una enfermedad neurológica y deterioro cognitivo, que pasará buena parte del invierno sin salir de casa. Una persona que, en lugar de recibir la atención, la estimulación y la compañía que necesita, corre el riesgo de caer en una situación de aislamiento y exclusión social.
¿Y qué hacemos entonces? ¿Quién controla su medicación? ¿Quién se asegura de que realiza los ejercicios que necesita? ¿Quién trabaja con él la estimulación cognitiva? ¿Quién evita que una persona de 63 años acabe encerrada entre cuatro paredes durante los largos meses del invierno?
Porque esta es la realidad de muchos pueblos: los recursos pueden existir, pero si no hay manera de llegar hasta ellos, es como si no existieran.
Segovia para los servicios sociales, Burgos para la sanidad
Nuestro pueblo pertenece administrativamente a la provincia de Segovia. Por eso, los servicios sociales corresponden al CEAS de Prádena. Sin embargo, la atención sanitaria depende de Burgos. Y entre ambas provincias parece existir un vacío, un limbo administrativo en el que nadie termina de asumir la realidad completa de las personas que vivimos aquí.
Un territorio puede pertenecer a una provincia, recibir la sanidad desde otra y necesitar unos servicios que dependen de una administración distinta. Pero una enfermedad no entiende de límites provinciales. El deterioro cognitivo no se detiene en una frontera administrativa. Y la soledad tampoco.
Los pueblos no se vacían solos
Mientras tanto, seguimos escuchando hablar de la necesidad de repoblar la España rural. Pero quizá antes habría que hacer algo mucho más sencillo: permitir que quienes ya vivimos aquí podamos seguir viviendo con dignidad.
Porque este es otro de los grandes problemas de la despoblación. No es que los pueblos se vacíen solo porque los jóvenes se marchen: también se vacían porque quienes han vivido en ellos toda su vida, cuando envejecen, enferman o pierden autonomía, se encuentran con que permanecer en su propia casa se convierte en una carrera de obstáculos.
La persona que ha vivido siempre en el pueblo, que ha contribuido a mantenerlo vivo, que ha cuidado su casa y la de sus vecinos, las tierras y el entorno, acaba teniendo menos posibilidades precisamente por vivir donde ha vivido siempre.
Y entonces la pregunta es inevitable: ¿qué se supone que debemos hacer? ¿Irnos? ¿Abandonar nuestra casa y nuestro pueblo para poder acceder a los servicios que necesitamos? ¿O resignarnos a quedar aislados porque somos demasiado pocos para que una ruta de transporte resulte rentable?
Quizá ese sea el verdadero significado de la despoblación que nadie quiere reconocer: que los pueblos no se vacían solos. Los vamos dejando vaciar cuando permitimos que sus habitantes pierdan, uno tras otro, los servicios que hacen posible una vida digna.
Lo que pedimos: igualdad real y coordinación
No pedimos privilegios. No pedimos un trato especial por vivir en un pueblo pequeño. Pedimos igualdad real.
Pedimos que una persona con dependencia, parkinsonismo y deterioro cognitivo pueda acceder a un centro de día aunque viva en un pueblo de menos de 25 habitantes.
Pedimos que el derecho a recibir atención no dependa del número de vecinos que tenga una localidad.
Pedimos coordinación entre administraciones.
Pedimos que no se nos obligue a elegir entre vivir en nuestro pueblo o recibir los cuidados que necesitamos.
Porque es fácil hablar de la España rural desde un despacho. Lo difícil es vivir en ella cuando necesitas ayuda.
Y mientras seguimos esperando soluciones, M.A.S. tiene 63 años, una enfermedad neurológica, deterioro cognitivo y la necesidad de mantenerse activo, atendido y acompañado.
El invierno no espera. La enfermedad tampoco. Y nosotros nos seguimos preguntando: ¿y ahora qué?
Porque, como tantas veces ocurre en los pueblos pequeños, parece que quien ha vivido siempre en ellos es precisamente quien más tiene que perder.
Las cartas y artículos publicados en la sección de opinión de El Nordeste de Segovia recogen la posición de sus autores y no la línea editorial del medio.




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