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Encinas: iglesia de San Pedro, palomares y la fiesta de San Silverio

Encinas, municipio de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda encuadrado en el Ochavo de Bercimuel, tiene 39 habitantes empadronados (INE, 2025) y 17,61 kilómetros cuadrados de término. Su iglesia de San Pedro Apóstol guarda tablas renacentistas atribuidas al maestro de Duruelo, y el pueblo mantiene tres fiestas a lo largo del año.

Encinas se asienta en la campiña del Nordeste de Segovia, a una altitud media de 950 metros. Linda con Carabias al norte, Aldeonte al sur y Navares de Ayuso al oeste. El paisaje es de tierras onduladas dedicadas al cereal y al girasol, con grupos de álamos, fresnos y chopos en las riberas de los arroyos y zonas de monte bajo con robles y enebros.

Un pueblo repoblado desde Sepúlveda

El territorio se repobló durante la Reconquista bajo la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, y Encinas quedó dentro del Ochavo de Bercimuel, una de las divisiones en que se organizaba esa tierra.

El Diccionario de Pascual Madoz lo describe en 1847 como un lugar con ayuntamiento, 74 casas, 284 habitantes y una escuela a la que acudían entre 18 y 20 niños y entre 10 y 12 niñas. El maestro cobraba 20 fanegas de trigo. Se cultivaban unas 1.200 obradas de trigo, cebada, centeno, garbanzos, algarrobas, titos y yeros, y se criaba ganado lanar, vacuno, mular y asnal.

La población se mantuvo estable hasta mediados del siglo XX, cuando la emigración a las ciudades redujo el censo hasta las cifras actuales.

La iglesia de San Pedro Apóstol

En un extremo del pueblo se levanta la iglesia de San Pedro Apóstol, de una sola nave dividida en tres cuerpos y con espadaña a los pies. El cuerpo central se cubre con una bóveda de cruceríaEncinas estrellada, propia del gótico tardío.

De la primera fábrica románica quedan la pila bautismal y algunos sillares reaprovechados en las reformas. La parte más antigua del templo actual es el presbiterio, que por su estilo podría datarse en el siglo XVI. Una piedra en el muro sur lleva grabada la fecha de 1741, posiblemente de una ampliación.

En la nave sur está el retablo barroco de la Soledad, que reúne tablas renacentistas atribuidas al maestro de Duruelo: el Nacimiento, la Adoración de los Reyes, San Pedro, San Pablo, Santa Lucía, San Miguel y San Sebastián. La parroquia conserva también su órgano y una custodia de sol de plata que donó el cura del lugar, Manuel Gil Sánchez, en 1783.

Palomares, fuentes y la cueva del cura Merino

El caserío tradicional es de piedra, de poca altura y planta amplia, a veces con tejado a cuatro aguas. En las afueras quedan en pie varios palomares de planta cuadrada orientados al sur para aprovechar el sol, hoy en ruinas.

A un kilómetro al norte está la Fuente del Val. Madoz ya la citaba en 1847 como la más cercana al pueblo, cubierta con una bóveda de sillería, junto a las de Valdellano y la Huerta.

En el monte de Valdenavares se encuentra la llamada Cueva del Cura Merino, donde, según la tradición, se escondió el guerrillero Jerónimo Merino durante la Guerra de la Independencia. No es accesible.

La orografía suave permite recorrer la zona a pie o en bicicleta por los caminos que unen Encinas con Aldeonte, Fresno de la Fuente y los tres Navares.

Tres fiestas en el calendario

Cada 20 de junio el pueblo celebra San Silverio. Cuenta la tradición que durante siete años seguidos cayó ese día sobre Encinas una tormenta de agua y granizo que arrasaba las cosechas, y que los vecinos se encomendaron desde entonces al santo de la fecha. La fiesta consiste en misa y procesión con dulzaina y tamboril.

Encinas 2El 29 de junio se celebra San Pedro, titular de la parroquia. En la procesión un niño porta una pequeña figura del santo, porque la imagen original está empotrada en la iglesia.

Las fiestas mayores son las de la Virgen del Rosario, el primer fin de semana de octubre, con misa, procesión, la tradicional subasta de andas, merienda, baile y verbena.

Lechazo y cocina de puchero

La cocina del pueblo tiene en el lechazo asado en horno de leña su plato principal, junto con los guisos de puchero como el potaje o las patatas con costillas. La matanza ya no se hace, pero algunos vecinos siguen comprando la carne para curar y embutir en casa.

Entre las memorias del pueblo figuran las tenadas del monte, donde se guardaba el ganado y donde pasaban la noche los hojalateros ambulantes que recorrían la comarca con su burro arreglando cazuelas y sartenes.

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