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El acceso a la tierra, uno de los frenos al relevo generacional en el campo
Los datos no dejan margen para la duda. Los menores de 25 años al frente de una explotación representaban apenas el 0,49% del total en 2020 —unas 3.649 personas en toda España—. Si se amplía el rango hasta los 40 años, el conjunto de titulares jóvenes no alcanza el 9%.
El envejecimiento no afecta solo a los propietarios o arrendatarios de la tierra. Menos del 5% de los trabajadores ocupados en el sector agrario en el último trimestre de 2025 tenían menos de 25 años, según la Encuesta de Población Activa. El grupo de 55 años o más, que representa el 28,70% del total, cuadruplica en términos relativos a este colectivo.
Hay que tomar estos datos con cierta cautela. Los expertos en Ingeniería Agrónoma y Economía Agraria Rosa Gallardo Cobos y Pedro Sánchez Zamora, de la Universidad de Córdoba, advierten a Maldita.es de una distorsión relevante: la titularidad de las explotaciones permanece en ocasiones a nombre de personas de edad avanzada que ya no están activamente involucradas, por razones administrativas como herencias no formalizadas, mientras la gestión efectiva la lleva otra persona. Las cifras reales de participación juvenil en el campo podrían ser algo superiores a lo que reflejan los registros oficiales, aunque el problema de fondo sigue siendo el mismo.
En el contexto europeo, la situación española destaca negativamente. En la comparativa de jefes de explotación mayores de 65 años, solo Portugal, Chipre e Italia superan a España. Tanto el Ministerio de Agricultura como la Unión Europea coinciden en que la falta de relevo generacional representa uno de los principales desafíos para el futuro del sector agroalimentario. La UE lo ha integrado como uno de los pilares de las reformas de la Política Agrícola Común (PAC) con horizonte en el marco 2028-2034.
Por qué la tierra importa —y por qué es tan difícil acceder a ella
"El acceso a la tierra no es el único obstáculo, pero es fundamental cuando estamos hablando de una actividad productiva que se basa en el territorio", explica al medio Lara Román, doctora en agroecología y coordinadora del Área de Transición Agroecológica del Observatorio para una Cultura del Territorio.
El especialista en políticas agrarias Miguel Gallardo señala que, una vez que el joven agricultor logra establecerse, se da cuenta de que necesita más superficie para poder vivir y llegar a unas rentas dignas, porque se necesita la misma dedicación a cinco hectáreas que a diez, y en muchos casos hay que compaginar la actividad con otro trabajo. El acceso al suelo no es, por tanto, solo un problema de inicio: condiciona la viabilidad económica a largo plazo.
Maldita.es identifica en su análisis cuatro grandes factores que dificultan esa adquisición de tierra.
Abandono sin salida al mercado
Según estimaciones de la Comisión Europea, el 11% de la superficie agraria de la UE —más de 20 millones de hectáreas— está en alto riesgo de abandono. España y Polonia concentran un tercio de la pérdida total de suelo en la UE, y España es el único Estado miembro que superará el millón de hectáreas perdidas para 2030.
El problema no es solo que esa tierra no se cultive, sino que tampoco llega al mercado. "Actualmente se observa mucha herencia de tierras a personas desvinculadas del campo porque ya viven en ciudad, y si van a cobrar poco por el alquiler o venta, prefieren dejarlas sin uso", explica el especialista Miguel Gallardo. Suelo que podría incorporarse a la producción queda así inmovilizado por falta de incentivos económicos suficientes para ponerlo en circulación.
Precios por encima de las posibilidades
En 2024, el precio medio de la hectárea en España era de 10.248 euros, 660 euros más que en 2022. Por regiones, Canarias registró el precio más alto (148.415 €/ha), seguida de la Región de Murcia (33.180 €) y La Rioja (21.560 €).
La paradoja que describe Laura Martínez, de la plataforma Ganaderas en Red, es difícil de resolver: "Si quieres hacerlo en una zona donde puedas desarrollar un proyecto viable económicamente —porque puedas comercializar y tengas infraestructuras—, como cerca de una ciudad mediana, los precios están por las nubes. Y si te vas a un sitio donde la tierra es más accesible, resulta que los accesos son horribles, no tienes infraestructuras ni clientes cerca." Para muchos jóvenes, la ecuación no cierra en ninguno de los dos escenarios.
El vínculo emocional con la propiedad
Manuel Redondo, geógrafo y responsable de comunicación de Red Terrae, señala que existe un componente emocional que funciona como freno para la rotación de tierras en el mercado: "El valor afectivo de la tierra existe: nadie la quiere vender."
El Ministerio de Agricultura identifica esta realidad como una barrera para la movilización del suelo, destacando la reticencia de propietarios de edad avanzada motivada por la desconfianza, el apego a la tierra y la falta de relevo intrafamiliar. A esto se suma que muchos agricultores no quieren que sus hijos continúen en el sector porque no lo ven rentable ni viable.
La confianza como moneda de cambio
El acceso a la tierra tiene también una dimensión relacional que va más allá del precio o la disponibilidad. Según el especialista Miguel Gallardo, la tierra solo se arrienda cuando el propietario piensa que la llevará alguien de quien se fíe, porque es un bien del que hay que hacer un buen uso o perderá su capacidad productiva.
Esa misma lógica se reproduce en el sector ganadero, incluso en el acceso a pastos comunales. Laura Martínez apunta que cuando alguien empieza de cero y pretende montar una ganadería sin conocer a nadie en el pueblo, los propietarios suelen ser escépticos y no es fácil que se abran las puertas. Para quienes no tienen raíces en el territorio, el obstáculo no es solo burocrático o económico: es también de pertenencia.
El programa Tierra Joven: ¿qué propone el Gobierno?
El 14 de enero de 2026, el Gobierno anunció el programa "Tierra Joven", una plataforma de información y movilización de tierras agrarias que centralizará la oferta y la demanda a nivel nacional, orientada preferentemente a jóvenes, mujeres y nuevos profesionales del sector. El Ejecutivo también expresó su intención de proponer que la nueva PAC destine un 10% de sus recursos a fomentar el relevo generacional.
El plan contempla una auditoría de unas 17.000 fincas rústicas de titularidad de la Administración General del Estado, que una vez evaluadas se pondrían a disposición de los colectivos prioritarios a través de la plataforma. La iniciativa quedará integrada en la futura Ley de Agricultura Familiar, aunque a fecha de publicación del análisis de Maldita.es el Ministerio no había respondido a las preguntas técnicas sobre el proyecto.
Los bancos de tierra no son una novedad en España. Ya existen proyectos de este tipo a distintos niveles: desde iniciativas de grupos de acción local en Cataluña, como el Relleu Agrari de Adrinoc, hasta propuestas autonómicas como el Consejo Regional de Bancos de Tierras de Asturias, pasando por iniciativas de diputaciones, comarcas o municipios. La propuesta más parecida a la escala estatal es el banco de tierras de Red Terrae, nacido en 2010 con el objetivo de agrupar a ayuntamientos preocupados por el abandono del suelo para la recuperación del paisaje y el patrimonio rural.
Una herramienta necesaria, pero no suficiente
Los expertos que recoge el análisis de Maldita.es coinciden en que los bancos de tierra son un instrumento útil, pero insuficiente por sí solos. Según Manuel Redondo, de Red Terrae, "un banco de tierras no es un cajero: necesitas detrás personas que atiendan, que identifiquen terrenos y que contacten con los propietarios."
Lara Román, del Observatorio para una Cultura del Territorio, señala que durante todo el proceso es fundamental el acompañamiento técnico a los propietarios: "Lo que nosotros hemos encontrado es que necesitan confiar en los procesos y sentirse cercanos a las personas a las que se ofrecen las tierras."
La conclusión de fondo es que acceder a la tierra es una condición necesaria pero no suficiente. Según Redondo, "hay que dignificar la profesión. No vale con proporcionar el terreno, sino que hay que lograr que estos sean rentables mediante la venta directa y a través de circuitos cortos."
El debate sobre el relevo generacional en el campo apunta, en definitiva, a un problema que va mucho más allá de los registros de propiedad. Pone sobre la mesa la pregunta de qué condiciones hacen que vivir y trabajar en el medio rural sea una opción real para quien llega sin tierras heredadas, sin contactos en el pueblo y con un proyecto que todavía tiene que demostrar que puede ser rentable.




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