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Aldeonte y El Olmillo, dos núcleos y 55 vecinos junto a la A-1

A dos kilómetros de Boceguillas y a 75 de la capital, el municipio de Aldeonte reúne tres asentamientos —Aldeonte, El Olmillo y Covachuelas— y 55 habitantes según el padrón del INE. Entre ellos guardan una iglesia barroca, una ermita románica del siglo XIII incluida en la Lista Roja del Patrimonio y un puente medieval en el camino hacia Sepúlveda.

El término ocupa 20,56 kilómetros cuadrados a 966 metros de altitud, en la Tierra de Sepúlveda, y se asoma a la A-1 por la salida del kilómetro 120.

Las primeras noticias documentales sobre la localidad se sitúan alrededor de 1650, cuando quedaba encuadrada en el Ochavo de Bercimuel de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda. Entonces aparecía escrita como Aldea de la Fuente, dos palabras que derivaron en Aldeayonte, Aldea Fonte, Aldefonte y, finalmente, Aldeonte.Aldeonte8

El poblado original comprendía tres barrios: Santa María del Prado, donde hubo una ermita, La Reguera y el actual, el único que ha permanecido. En sus inmediaciones se localizaban además los despoblados de Aldealpozo y Pero Blasco.

De aquel pasado quedan la iglesia parroquial de San Frutos, obra barroca del siglo XVII, las ruinas del santuario de la Virgen de los Prados, dos antiguos palomares y la fuente Capalana, que en 1960 todavía se usaba como abrevadero para el ganado ovino y vacuno.

La tradición local cuenta que la imagen de la Virgen de los Prados fue trasladada a Encinas tras la destrucción de su ermita y que regresó por sí misma a Aldeonte. Cada año se mantiene una procesión hasta el paraje donde estuvo el santuario, que antaño también se convocaba cuando había calamidades públicas.

Campiña, pedregal y prados de diente

El paisaje del municipio es de campiña, con franjas onduladas y campos de cereal y girasol al este. En la parte oeste dominan los pedregales del macizo calizo. Los prados de diente y las choperas de la vega del arroyo de la Hoz o Mariaceite y sus afluentes concentran el mayor valor ecológico del término, atravesado también por el arroyo Torubio o de las Vegas.

Esa base agraria sostiene la actividad económica del municipio, con la ganadería y la elaboración de queso como referencias más visibles. En Aldeonte funciona una quesería familiar levantada por Eva y Gerardo que hoy gestionan sus hijos, los hermanos Germán y Víctor Bartolomé sobre la explotación caprina paterna, con leche del propio rebaño y varias referencias, entre ellas un queso azul. La cocina de la zona se asocia además al lechazo al horno de leña y a las codornices al vino.

El habla conserva huellas antiguas. Los vecinos llaman 'cámbara' a la parte alta de la vivienda destinada a almacén, un término que se relaciona con el vasco ganbara ('desván') y que remite a la repoblación de la zona en el siglo XI por gentes vasco-navarras, el mismo sustrato que aflora en la gacería del entorno.

El Olmillo, más antiguo que su fecha de fundación

A tres kilómetros al suroeste, El Olmillo cuenta con 34 habitantes según la ficha municipal recogida por CODINSE. Su fundación se cita habitualmente hacia 1700, como barrio de El Olmo, pero la Aldeonte6documentación lo desmiente: en el reparto de rentas del cabildo de 1247 ya figura como Sant Christoval de Barvolla, y un deslinde de 1428 menciona los núcleos de El Olmillo y Covachuelas.

Antes de su nombre actual se llamó San Cristóbal de las Covachuelas o de Barbolla. Fue lugar de parada y fonda para los viajeros que iban a Sepúlveda: tuvo posada a las afueras y un molino harinero junto al río, del que quedan las ruinas. Por real orden del 1 de enero de 1847 se anexionó, junto con Covachuelas, al ayuntamiento de Aldeonte.

A mediados del siglo XIX, el Diccionario de Pascual Madoz le contaba 105 habitantes, 25 casas repartidas entre los dos barrios y una escuela común a la que acudían diez niños y cuatro niñas.

San Lorenzo, en la Lista Roja desde 2009

El elemento patrimonial de mayor relevancia del municipio es la ermita románica de San Lorenzo, en un altozano sobre el arroyo de la Hoz, hoy convertida en cementerio. Construida en su mayor parte en el siglo XIII y ampliada en el XVII, perdió la cubierta y entró en un deterioro progresivo.

Conserva el ábside con ventanal, la portada de tres arquivoltas con decoración floral inscrita en círculos y dientes de sierra, y buena parte de los canecillos originales. Hispania Nostra la incluyó en la Lista Roja del Patrimonio el 2 de junio de 2009, y la ficha señala riesgo de derrumbe, en especial en el hastial oeste. El bien figura como propiedad del Obispado de Segovia.

El Olmillo cuenta también con la iglesia de San Cristóbal, reedificada tras un incendio, una antigua cruz de piedra, la casa blasonada de la condesa Catalina de Contreras, dos hornos comunitarios en ruinas, dos palomares y varios chozos de pastores repartidos por la lastra. Las fiestas de San Cristóbal, en torno al 10 de julio, se recuperaron después de décadas sin celebrarse.

Covachuelas: cuarenta años despoblada y de vuelta al censo

El tercer asentamiento, Covachuelas, aparece citado por primera vez en la segunda mitad del siglo XV. Estuvo más de cuarentaaldeonte ermita romanica años despoblado en la segunda mitad del siglo XX y volvió al censo cuando una familia se instaló y puso en marcha un establecimiento de turismo rural. El INE lo mantiene con la categoría de diseminado.

Entre El Olmillo y Covachuelas, por el camino que lleva a Sepúlveda, se conserva un puente medieval rehabilitado y, junto a él, una antigua fuente. El acceso sigue siendo un vial de tierra compactada.

Un calendario repartido en tres núcleos

Las fiestas ordenan el año del municipio. Aldeonte celebra a la Virgen de los Prados a principios de septiembre, con misa, procesión, subasta de los palos de las andas y canto de la salve, y a San Frutos, patrón, el 25 de octubre. El Olmillo mantiene Santa Águeda el primer sábado de febrero, San Cristóbal el fin de semana más próximo al 10 de julio y el Dulce Nombre de María el tercer domingo de septiembre.

Con 55 empadronados repartidos entre tres núcleos, la conservación de ese patrimonio —desde la ermita de San Lorenzo hasta el puente y los chozos de la lastra— depende en buena medida de la financiación externa y de la implicación vecinal. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo puede aguantar en pie San Lorenzo sin una intervención.

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