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La importancia de los caminos es más grande de lo que pensamos / FOTO: TOMAS VIDZRAL.
La importancia de los caminos es más grande de lo que pensamos / FOTO: TOMAS VIDZRAL.

Desarrollo rural

Caminos, las redes más antiguas del mundo

Mantener los caminos es de vital importancia. Con su desaparición, la posibilidad de desplazarnos por otras vías que no sean las carreteras se torna difícil. Eso, sin contar con las historias que guardan muchos de ellos.

La palabra red sirve para designar multitud de conceptos. Desde las redes de pesca, informáticas, ferroviarias y neuronales hasta las redes sociales, que últimamente parecen ser las que rigen el devenir social de todas las culturas del planeta. Las redes están formadas por muchos elementos unidos entre sí de manera que son capaces de recoger, como la red de seguridad de un trapecio de circo, interconectar como las carreteras o comunicar como las redes informativas.

Nos centraremos hoy en las redes que forman los caminos que nos permiten llegar de un sitio a otro, esos que actúan como uniendo diferentes poblaciones o lugares de interés y que, igual que ocurre con las interconexiones entre neuronas de nuestro cerebro, cuando no se usan se pierden.
No parece importante que se pierdan los caminos ¿no? Al fin y al cabo, ya tenemos carreteras y vías alternativas para llegar a casi cualquier sitio. Seguro que con caminos o sin ellos seremos capaces de alcanzar nuestro objetivo… o no.

Y es que, cuando se pierde un camino bien por falta de mantenimiento, porque confundimos los límites de las tierras de labor y se labran o porque la maleza lo sepulta, se pierde mucho más que una vía para llegar de un sitio a otro. Cuando un camino desparece los niños dejan de poder ir de un pueblo a otro para acercarse a las fiestas o para dar un paseo con los amigos; cerramos la posibilidad de movernos de otra manera que no sea en coche, se pierden las historias que lo recorrieron y los rincones a los que daba acceso; se olvida el intercambio de productos, conversaciones o servicios entre los distintos núcleos de población.
Y es que hasta los caminos que acompañan los ríos se están perdiendo (pese a que la normativa obliga dejar márgenes de tierra a ambos lados de los cursos de agua), con el problema que eso supone para su mantenimiento y para la vida en los núcleos de población que cuentan con cauces cercanos.

Un camino menos, supone también que no habrá dos linderos en los que crezcan esas plantas que permiten el mantenimiento de biodiversidad y el cobijo de miles de insectos. La falta de acceso que provoca su pérdida es también un hándicap cuando hay un incendio y dificultan que, más allá de quienes llevan todoterrenos o tractores, todos podamos disfrutar de un paseo en el que toda la tecnología necesaria sea un bastón.
Perder caminos en áreas poco pobladas como el Nordeste de Segovia tiene un parecido casi perturbador con la pérdida de esas conexiones neuronales, conocidas como sinapsis, de las que hablábamos al principio. Una pérdida que, cuando se acrecienta puedes ser la antesala de problemas de salud más graves con la demencia o el Alzheimer.

Porque, si bien es perfectamente normal que nuestro cerebro desconecte las uniones neuronales que nos servirían para mantener actividades que ya no practicamos, como hablar un idioma que ya no utilizamos, es letal que se desconecten esos caminos neuronales que permiten que parpadeemos o respiremos de forma automática. Cuidar y mantener la red que forman los caminos rurales es esencial para nuestro propio bienestar. Eliminarla es un problema que acrecienta la desconexión entre núcleos poco poblados, un paso más que pone en peligro el entramado social, cultural y natural de la región.

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