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La opinión de nuestros lectores

¿Para qué te metes en política si la política es una mierda?

Evangelina Gutiérrez es integradora social y agente de igualdad. Vive en el nordeste de Segovia desde hace quince años, donde dirige una asociación que trabaja con familias con hijos con diversidad funcional en el medio rural. Encabeza la lista del Partido Castellano Tierra Comunera por Segovia a las próximas elecciones autonómicas.

Tribuna de opinión de Evangelina Gutierrez

¿Para qué te metes en política si la política es una mierda? Me preguntó el otro día un segoviano desencantado cuando le dije que iba como cabeza de lista por Segovia para las elecciones autonómicas. Primero me miró sorprendido y luego me lanzó esa pregunta mordaz. «Justamente —atiné a contestarle—, me meto en política porque la política es una mierda». Y es por la misma razón por la que todos deberíamos meternos en política: para no dejársela a quienes han hecho de esta práctica una mierda colosal. La política también puede ser transformadora y depurativa, depende de quienes la llevemos adelante.

Ciudadanos de segunda

Llevo años trabajando en el mundo de lo social, con personas en situación de calle, personas con discapacidad o personas migrantes. Cuando llegué a esta España despoblada, donde vivo desde hace quince años, descubrí que la condición de habitante de un territorio despoblado vulneraba tanto como cualquier otro factor de segregación social. El destrato de las administraciones centrales o incluso autonómicas nos reduce a la categoría de ciudadanos de segunda; ah, espera, que tampoco somos ciudadanos, porque, por definición, primero deberíamos habitar una ciudad.

Esta realidad me arrojó a implicarme en foros de repoblación rural y plataformas asociadas a la España despoblada. He conocido gente de diferentes sectores Captura de pantalla 2026 03 02 153926y colores. La conclusión a la que he llegado es que la única forma de transformación social pasa, nos guste o no nos guste, por la política.

Propuestas sin respuesta

He acudido a más de un partido político de los hegemónicos con propuestas concretas para favorecer a colectivos vulnerables de la Castilla más despoblada. Una de ellas: conseguir más apoyos en los colegios rurales para niños con necesidades educativas especiales, de modo que sus familias no tengan que abandonar el territorio por falta de recursos. Lo sé de primera mano: desde mi asociación trabajamos como mediadores entre familias con hijos con diversidad funcional y los colegios de la comarca, tendiendo puentes allí donde la administración no llega. Hacemos gestiones ante la Dirección Provincial de Educación, el Procurador Común y otras instituciones para conseguir recursos que en el entorno urbano nadie tiene que reclamar.

Medidas como esta actúan, además, como herramienta preventiva de la despoblación: una familia que no consigue apoyo escolar para su hijo acaba marchándose al municipio más cercano que lo ofrezca.

También les he hablado de la perspectiva rural —dicho mal y pronto: una forma de ver cómo impactan las leyes en el medio rural y corregirlas— como instrumento indispensable para la defensa de los derechos de la población en zonas despobladas. Pero ni caso. Ni siquiera sabían lo que era.

El partido que escuchó

Hasta que el Partido Castellano Tierra Comunera decidió escucharme y volcar estas propuestas en su programa electoral. Más aún: no vio descabellado que encabezara la lista por Segovia.

En este espacio político he encontrado propuestas para la mejora de problemas de vivienda, transporte y sanidad en el medio rural, articuladas en diez ejes programáticos para hacer de Castilla algo nuestro y con futuro.

Si tengo que terminar de presentarme: soy integradora social y agente de igualdad, madre de dos hijos, trabajadora de Correos, escritora cuando tengo tiempo y una toca cojones muy empecinada cuando se trata de conseguir lo que sea.

Expulsados a pesar de aportar

Mi situación se parece a la de mucha gente que abandonó la ciudad para apostar por el medio rural, aunque haya sido el medio rural el que no apostó por nosotros. A pesar de aportar hijos en edad escolar y contribuir a la solución de un problema demográfico, las políticas públicas nos expulsan de Castilla. Forma parte del plan sistemático de vaciamiento de los pueblos.

Junto a Emilio, mi marido, nos radicamos en un pueblo del nordeste de Segovia y nos dedicamos a proyectos de desarrollo rural sin contar con ningún apoyo de la administración pública. Continuamos haciendo cosas: una operadora de internet de alta velocidad autogestionada, jornadas de revinculación rural, eventos comarcales, grupos de apoyo para familias con hijos con autismo, discapacidades, hiperactividad y problemas de conducta. Creemos en la potencia de las comarcas y trabajamos para que el nordeste de Segovia se refuerce como tal.

Desde los cementerios de Castilla

Para expresar estas ideas hago vídeos de campaña desde distintos cementerios de la Castilla despoblada, para demostrar lo que tantos años de administraciones funestas han hecho de Castilla: un cementerio de gente, ideas y proyectos. Desde la derrota de la revuelta comunera de 1521, Castilla cayó en un profundo letargo y tiene que despertarse.

La piedra angular de nuestra propuesta se llama perspectiva rural, el instrumento que nos dará voz, visibilidad y voto en las Cortes de Castilla y León. Estamos vivos, esa es la buena noticia. La gente me lo dice a diario, me sugiere cosas que pueden contribuir a la solución de problemas, y nadie mejor que quien los vive en carne propia para saberlo.

La política es una mierda, sí. Pero todo es transformable.

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