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Artículos culturales

Grado del Pico recupera su Carnaval tradicional 60 años después

La pequeña localidad segoviana, que en invierno no supera los diez habitantes, reunió a cerca de sesenta personas el pasado sábado 14 de febrero para representar de nuevo las figuras de los mamarrachos, las vaquillas y el Perico Pajas, personajes que no recorrían sus calles desde la década de los 60.

En el extremo más oriental de nuestra comarca, en el límite con Guadalajara y Soria, se encuentra Grado del Pico, una pequeña localidad enclavada entre las serranías de Ayllón y de Pela. Pese a que en invierno apenas cuenta con diez habitantes, su Asociación de Vecinos trabaja para mantener vivas las tradiciones que formaron parte del patrimonio inmaterial del pueblo hasta hace seis décadas. El éxodo rural de aquellos años redujo drásticamente su población y, en el verano de 1979, la localidad pasó a depender administrativamente del Ayuntamiento de Ayllón.

El germen de la recuperación

El periodista e historiador segoviano Guillermo Herrero llegó a Grado del Pico en el invierno de 2019-2020 y conoció a través de uno de sus vecinos, Julio Liceras, los detalles de esta celebración carnavalesca que en la provincia de Segovia hunde sus raíces en la Edad Media. El contacto posterior de Herrero con María Jesús Robledo, nacida en Grado del Pico y actual vicepresidenta de la Asociación de Vecinos, fue el detonante para que el pasado sábado 14 de febrero se representara de nuevo por las calles de la localidad una muestra de lo que fue su Carnaval. Alrededor de sesenta hijos y allegados de Grado del Pico acudieron a la cita.

Mamarrachos, vaquillas y Perico Pajas

Según los testimonios recogidos por Robledo entre los mayores de la localidad, durante la tarde del domingo y el martes de carnaval los mozos salían representando a unos personajes llamados mamarrachos, junto a unas vaquillas acompañadas de un vaquero que empuñaba una vara para asustar a los niños.IMG 20260215 WA0004

Los mamarrachos lucían indumentaria variada y cubrían su rostro con medias, trozos de cartón o tela. Eran los encargados de elaborar un muñeco llamado Perico Pajas, que hacía su aparición el martes de carnaval y terminaba siendo destruido esa misma tarde por las vaquillas. Estas estaban compuestas por dos parejas de mozos vestidos con camisa y calzón largo blancos, faja negra o roja y caretas de las que colgaban crines y rabos de caballerías, además de un armazón con cuernos sobre los hombros.

Los mamarrachos y las vaquillas partían de puntos distintos del pueblo y se encontraban en la Plaza Mayor, donde les esperaban algunas mozas vestidas con el traje tradicional de serranas. La fiesta concluía el Martes con una ronda petitoria en la que los vecinos obsequiaban al grupo con pan, chorizo, huevos o tocino. Con lo recaudado merendaban en el antiguo ayuntamiento, que les cumplimentaba con una arroba de vino. Ambas jornadas finalizaban con un baile en la Plaza Mayor a cargo de la ronda del pueblo, con laúd, guitarra y percusiones.

La emoción de los mayores

Esta tradición se celebró en Grado del Pico hasta entrada la década de los 60 y dejó de celebrarse por el éxodo rural. Vecinos como los octogenarios Carmen Sevilla o José María Cubillo pudieron presenciar de nuevo la aparición de los personajes que formaron parte de los carnavales de su juventud. Las aportaciones de los mayores y la conservación de una antigua máscara por parte de María Jesús Robledo hicieron posible la recreación del Martes de Carnaval, trasladado en esta ocasión al sábado para facilitar la asistencia.

La jornada contó con el acompañamiento musical del grupo de dulzaina Tierras de Riaza y finalizó con una merienda en el local de la Asociación de Vecinos para todos los asistentes.

Futuro del Carnaval rural en la comarca

Iniciativas como esta y la creación de asociaciones como “Despertar Memoria”, que trabajan para proteger e impulsar este tipo de manifestaciones culturales bajo el paraguas de la Diputación Provincial, abren la puerta a futuras ediciones de carnavales rurales en la comarca y la serranía segoviana, en línea con la tradición y adaptados al contexto actual.

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