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Mujeres y medio rural en Castilla y León: formadas, emprendedoras y con enormes barreras por derribar

La profesora Milagros Alario, de la Universidad de Valladolid, ha presentado un completo estudio sobre la situación de las mujeres en los espacios rurales de Castilla y León en el marco del acto de puesta en marcha de la Red de Puntos de Apoyo a la Mujer Emprendedora (Red PAME) de Castilla y León.

El trabajo, que cruza datos del INE, la Tesorería de la Seguridad Social y el informe GEM Mujeres y emprendimiento en España 2023-2024, dibuja un panorama de contrastes: mujeres con niveles de formación cada vez más altos que se enfrentan a un mercado laboral segregado, una tasa de ocupación muy inferior a la de los hombres y unas dificultades específicas que condicionan su permanencia en el territorio.

La Red PAME: apoyo al emprendimiento femenino en el medio rural

La presentación de este estudio se enmarca en la reactivación de la Red PAME, una iniciativa impulsada por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León que se apoya en los 44 Grupos de Acción Local (GAL) de la comunidad y en las tres redes de desarrollo rural: PRINCAL, Rural Red y HUEBRA. La Red PAME nació como un espacio de referencia en el medio rural donde las mujeres pueden recibir apoyo, formación y asesoramiento para emprender.

En su primera fase, desarrollada entre 2021 y 2023 dentro de la Estrategia de Emprendimiento de la Mujer Rural, la Red PAME logró formar a más de 2.500 mujeres y asesorar de manera individualizada a más de 1.000 emprendedoras. La segunda etapa, que arranca en 2026, pone especial atención en mujeres que apuestan por iniciar o consolidar proyectos, especialmente en el sector agroalimentario, con financiación para talleres, asesoramiento personalizado y apoyo en la búsqueda de financiación.

Es en este contexto donde el estudio de Milagros Alario cobra especial relevancia, al ofrecer un diagnóstico riguroso de la situación real de las mujeres en el medio rural castellanoleonés.

Qué es el "rural regresivo" y el "rural resiliente y progresivo"

Para entender los datos del estudio es importante conocer la clasificación del territorio rural que utiliza la investigadora, una tipología habitual en los estudios de geografía rural en España. El medio rural no es homogéneo: existen diferencias profundas entre unos municipios y otros que condicionan la vida de sus habitantes, y en particular la de las mujeres.

El estudio distingue tres categorías de poblamiento:

  • Urbano y periurbano: municipios de mayor tamaño o situados en el área de influencia directa de las ciudades, con acceso a servicios, empleo diversificado y mejores comunicaciones.
  • Rural resiliente y progresivo: municipios rurales (menos de 30.000 habitantes y menos de 100 hab/km²) que, pese a su menor tamaño, mantienen o ganan población, cuentan con cierta diversificación económica (turismo, servicios, agroindustria), buena accesibilidad y capacidad para atraer nuevos habitantes. Son territorios que han resistido mejor el éxodo rural y muestran mayor dinamismo.
  • Rural regresivo: municipios rurales que pierden población de forma sostenida, con alta tasa de envejecimiento, baja densidad demográfica (en torno a 14 hab/km²), fuerte dependencia del sector agrario, escasa diversificación económica y problemas de accesibilidad a servicios. Se sitúan, sobre todo, en zonas de interior, tierras altas y territorios aislados. Son los más afectados por el vaciamiento y donde las condiciones de vida y de empleo para las mujeres son más difíciles.8

Esta distinción es clave porque, como demuestran los datos del estudio, las cifras varían enormemente entre uno y otro tipo de territorio. Lo que ocurre en el rural progresivo no es comparable a la realidad del rural regresivo, y las políticas públicas deben tenerlo en cuenta.

Un colectivo con altísima formación

Uno de los datos más llamativos del estudio es el nivel educativo de las mujeres en municipios de más de 500 habitantes de Castilla y León. Según datos del censo del INE (2021-2023), elaborados por Alario, las mujeres del rural progresivo presentan porcentajes de formación universitaria (grados de hasta 240 créditos ECTS) del 10,80%, frente al 9,68% del rural regresivo. En másteres y especialidades, los porcentajes alcanzan el 3,96% y el 2,15% respectivamente.

Esta alta cualificación es, según la investigadora, tanto un potencial como un problema: el tejido productivo de los espacios rurales carece de la capacidad tecnológica necesaria para absorber a estas profesionales formadas. Si no existen inclinaciones laborales hacia el sector agrario pero sí intención de permanecer en la localidad de origen, la juventud formada se ve obligada a trabajar en sectores alejados de su especialidad profesional.

Tasas de ocupación: la brecha rural

Los datos de ocupación femenina revelan diferencias significativas según el tipo de poblamiento. En los entornos urbanos y periurbanos de Castilla y León, la tasa de ocupación de las mujeres alcanza el 70,8%, por encima de la media nacional (65,9%). Sin embargo, en el rural regresivo esa cifra cae hasta el 33,5%, y en el rural resiliente y progresivo se sitúa en el 39,5%.

7La brecha con los hombres es igualmente notable. En el rural regresivo, la tasa masculina es del 48,3% frente al 33,5% femenino. En el rural resiliente y progresivo, los hombres alcanzan el 55,0% frente al 39,5% de las mujeres. Los datos proceden de la Tesorería de la Seguridad Social (junio 2025) y el censo actualizado del INE.

Segregación horizontal: ellas en servicios, ellos en industria

El estudio muestra una clara segregación horizontal en la ocupación por ramas de actividad. En Castilla y León, las mujeres se concentran mayoritariamente en servicios personales y empleo en hogar, educación, residencias y sanidad, y administración pública. En los hombres, el peso recae sobre agricultura, industrias, construcción y comercio.

La investigadora señala la terciarización como tendencia dominante, con los cuidados y servicios personales como opción fundamental para las mujeres rurales. Plantea también la incorporación femenina a la actividad agraria como una alternativa lenta pero interesante, con nuevos modelos de actividad. A esto se suma la infravaloración de la ocupación femenina, el peso del trabajo informal de cuidados y el papel creciente de las mujeres inmigrantes.

Mujeres jóvenes: prioridad de futuro

Los datos demográficos subrayan la urgencia del problema. En los espacios rurales regresivos de Castilla y León, la tasa de variación de la población femenina joven entre 2018 y 2025 es preocupante: las mujeres rurales de 25-29 años han caído un 12,34%, y las del tramo 30-35, un 14,58%. Solo el grupo de 16-24 años muestra un leve incremento del 0,64%, frente al 15,02% de las mujeres urbanas en esa franja.

Las pirámides de población comparadas entre espacios rurales regresivos y rurales resilientes y progresivos confirman el patrón: en ambos casos hay un notable estrechamiento en los tramos de 20 a 39 años, especialmente en el lado femenino. La inmigración contribuye a amortiguar parcialmente el vaciamiento en los tramos de edad activa.

Emprendimiento: ¿modelo emergente u opción obligada?

Una de las cuestiones centrales del estudio —y de especial relevancia en el marco de la puesta en marcha de la Red PAME— es si el emprendimiento femenino en el medio rural responde a una oportunidad real o es más bien la única salida para quedarse o volver. Los datos del observatorio GEM 2024-2025 muestran que en España las mujeres emprenden con más edad que en otros países, mayoritariamente entre los 25 y los 54 años.

La tasa de emprendimiento entre la población con nivel educativo más alto es cada vez mayor, especialmente en el caso de las mujeres, según destaca el estudio. En el entorno rural, gracias a las mujeres, se recupera la actividad emprendedora, aunque es mucho más costosa para ellas por las dificultades de financiación y la doble jornada que obliga a adaptar el emprendimiento a la conciliación.

Según el informe GEM Mujeres y emprendimiento en España 2023-2024, la percepción de facilidad para emprender es consistentemente menor entre las mujeres. Solo el 25,9% de las no emprendedoras lo considera fácil, frente al 31,0% de los hombres. Entre las emprendedoras recientes (TEA), el porcentaje sube al 31,4% en mujeres frente al 42,3% en hombres.

En cuanto a las motivaciones, el dato más significativo es que el 62,0% de las mujeres emprendedoras recientes señala como motivación "ganarse la vida porque el trabajo escasea", frente al 52,9% de los hombres. La motivación de "crear riqueza o una renta muy alta" es algo menor en ellas (34,9%) que en ellos (39,6%).

Aparecen también nuevos perfiles de emprendedoras: mujeres, locales o foráneas, que de forma consciente han decidido instalarse en un medio rural para desarrollar su proyecto de vida, introduciendo nuevas formas de hacer en sectores tradicionales o nuevos. Se trata, según la investigadora, de un colectivo con alta cualificación y capacidad de innovación, que emprende por voluntad de cambio de vida más que por necesidad.

Entre las dificultades que enfrentan, el estudio destaca la complejidad administrativa (con necesidad de simplificación burocrática y acompañamiento) y la necesidad de programas de financiación más inclusivos, con mecanismos específicos como microcréditos o subvenciones para facilitar el acceso a mujeres con menores ingresos. Precisamente el tipo de apoyo que la Red PAME pretende ofrecer a través de los Grupos de Acción Local.

Orientaciones para las futuras intervenciones9

El estudio concluye con una serie de recomendaciones claras para las políticas de desarrollo rural. La primera es un cambio de enfoque: las mujeres deben pasar de ser consideradas un colectivo auxiliar a constituir un eje fundamental en el desarrollo rural. La cuestión no puede abordarse como un problema sectorial que afecta solo a las técnicas de igualdad, sino como un problema transversal que requiere intersectorialidad en el análisis.

Alario defiende la necesidad de un "rural proofing con perspectiva de género" en todas las políticas y programas que se diseñen para el medio rural, y señala que la nueva Estrategia Nacional por la equidad territorial y el Reto Demográfico debe incorporar obligatoriamente esta mirada si quiere ser efectiva.

Otras consideraciones clave del estudio:

  • La diversidad como norma: no se pueden aplicar soluciones homogéneas a grupos diversos. Las necesidades de las mujeres jóvenes (arraigo y demostración del potencial de los espacios rurales), las adultas (problemas de mercado laboral y accesibilidad) y las mayores (acceso a servicios de ocio, cultura y cuidados) son distintas.
  • El arraigo pasa por un desarrollo integral: no basta con la promoción del trabajo. Los jóvenes se van no solo porque no haya empleo, sino porque no encuentran un contexto de socialización. En el caso de las mujeres, se suma la dificultad de acceso a los servicios vinculados con los cuidados, que siguen recayendo sobre ellas.
  • El abordaje desde los territorios y sus sociedades (de abajo arriba, como ha hecho el programa LEADER) es fundamental. Una línea de trabajo en la que los Grupos de Acción Local y la propia Red PAME pueden jugar un papel determinante.
  • El espacio como factor fundamental: la fuerte movilidad actual obliga a pensar en unidades supramunicipales.

Fuentes citadas en el estudio: INE (Censo anual de población, Educación y Relación con la actividad 2021-2023); Tesorería de la Seguridad Social (datos municipales junio 2025); GEM Mujeres y emprendimiento en España 2023-2024; Baylina 2020; Salamaña et al. 2016; Villarino et al. 2013; Suñén Lavilla (AGER 04/2025); Esparcia 2025 "Declive y despoblación rural en España: recomendaciones para el diseño de políticas públicas"; "Mujeres universitarias y despoblación rural" (doi.org/10.21138/dl.2024.4). Elaboración de datos: M. Alario.

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