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Mujeres y medio rural en Castilla y León: formadas, emprendedoras y con enormes barreras por derribar

La profesora Milagros Alario, de la Universidad de Valladolid, ha presentado un completo estudio sobre la situación de las mujeres en los espacios rurales de Castilla y León en el marco del acto de puesta en marcha de la Red de Puntos de Apoyo a la Mujer Emprendedora (Red PAME) de Castilla y León.

La profesora Milagros Alario Trigueros, del Departamento de Geografía y la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, ha presentado en Olmedo un completo estudio sobre la situación de las mujeres en los espacios rurales de Castilla y León. La ponencia, titulada "Mujeres rurales en el marco del emprendimiento y la empleabilidad en el medio rural de Castilla y León", se ha desarrollado el 11 de febrero en el marco del acto de puesta en marcha de la Red de Puntos de Apoyo a la Mujer Emprendedora (Red PAME) 2026-2027, bajo el lema "Las mujeres como vector de desarrollo de las zonas rurales de Castilla y León".

El trabajo, que cruza datos del INE, la Tesorería de la Seguridad Social y el informe GEM Mujeres y emprendimiento en España 2023-2024, dibuja un panorama de contrastes: mujeres con niveles de formación cada vez más altos que se enfrentan a un mercado laboral segregado, una tasa de ocupación muy inferior a la de los hombres y unas dificultades específicas que condicionan su permanencia en el territorio. La tesis de la investigadora es clara: mujeres, jóvenes, y especialmente mujeres jóvenes, constituyen el elemento imprescindible para garantizar la sostenibilidad social de los espacios rurales. Es necesario priorizarlas, pero no porque sean colectivos vulnerables, sino porque son fundamentales para sostener los territorios.

La Red PAME: apoyo al emprendimiento femenino en el medio rural

La presentación de este estudio se enmarca en la reactivación de la Red PAME, una iniciativa impulsada por la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León que se apoya en los 44 Grupos de Acción Local (GAL) de la comunidad y en las tres redes de desarrollo rural: PRINCAL, Rural Red y HUEBRA. La Red PAME nació como un espacio de referencia en el medio rural donde las mujeres pueden recibir apoyo, formación y asesoramiento para emprender.

En su primera fase, desarrollada entre 2021 y 2023 dentro de la Estrategia de Emprendimiento de la Mujer Rural, la Red PAME logró formar a más de 2.500 mujeres y asesorar de manera individualizada a más de 1.000 emprendedoras. La segunda etapa, que arranca en 2026 con horizonte 2027, pone especial atención en mujeres que apuestan por iniciar o consolidar proyectos, especialmente en el sector agroalimentario, con financiación para talleres, asesoramiento personalizado y apoyo en la búsqueda de financiación.

Es en este contexto donde el estudio de Milagros Alario cobra especial relevancia, al ofrecer un diagnóstico riguroso de la situación real de las mujeres en el medio rural castellanoleonés.

Qué es el "rural regresivo" y el "rural resiliente y progresivo"

Para entender los datos del estudio es importante conocer la clasificación del territorio rural que utiliza la investigadora, una tipología habitual en los estudios de geografía rural en España. El medio rural no es homogéneo: existen diferencias profundas entre unos municipios y otros que condicionan la vida de sus habitantes, y en particular la de las mujeres.Captura de pantalla 2026 02 19 114105

El estudio distingue tres categorías de poblamiento:

  • Urbano y periurbano: municipios de mayor tamaño o situados en el área de influencia directa de las ciudades, con acceso a servicios, empleo diversificado y mejores comunicaciones.
  • Rural resiliente y progresivo: municipios rurales (menos de 30.000 habitantes y menos de 100 hab/km²) que, pese a su menor tamaño, mantienen o ganan población, cuentan con cierta diversificación económica (turismo, servicios, agroindustria), buena accesibilidad y capacidad para atraer nuevos habitantes. Son territorios que han resistido mejor el éxodo rural y muestran mayor dinamismo.
  • Rural regresivo: municipios rurales que pierden población de forma sostenida, con alta tasa de envejecimiento, baja densidad demográfica (en torno a 14 hab/km²), fuerte dependencia del sector agrario, escasa diversificación económica y problemas de accesibilidad a servicios. Se sitúan, sobre todo, en zonas de interior, tierras altas y territorios aislados. Son los más afectados por el vaciamiento y donde las condiciones de vida y de empleo para las mujeres son más difíciles.

Esta distinción es clave porque, como demuestran los datos del estudio, las cifras varían enormemente entre uno y otro tipo de territorio. Lo que ocurre en el rural progresivo no es comparable a la realidad del rural regresivo, y las políticas públicas deben tenerlo en cuenta.

Mujeres: la diversidad como norma

El estudio de Alario parte de una premisa fundamental: las mujeres rurales no son un grupo homogéneo. Sus necesidades y perspectivas varían enormemente en función de la edad. Las jóvenes necesitan arraigo y que se les demuestre el potencial de los espacios rurales como espacios de oportunidad, con ejemplos cercanos. Las adultas enfrentan fundamentalmente problemas de mercado laboral y accesibilidad a servicios. Y las mayores necesitan acceso a servicios de ocio y cultura, movilidad, y cuidados específicos que garanticen una buena calidad de vida en sus espacios elegidos de residencia.Captura de pantalla 2026 02 19 114540

Los datos demográficos del Censo Actualizado del INE (2025) para los espacios rurales de Castilla y León muestran una estructura de población con cuatro grandes bloques: 119.880 mujeres en el tramo más joven, 156.901 en edad adulta intermedia, 100.622 en el tramo de madurez y 92.844 en los grupos de mayor edad. La tasa de masculinidad se mantiene por encima de 100 en los tramos jóvenes y adultos (es decir, hay más hombres que mujeres), lo que evidencia una mayor pérdida de población femenina en edad activa.

Mujeres jóvenes: prioridad de futuro

Los datos demográficos subrayan la urgencia del problema. En los entornos urbanos y periurbanos de Castilla y León hay 64.266 mujeres jóvenes de 16 a 24 años, frente a solo 13.058 en el rural regresivo y 20.554 en el rural resiliente y progresivo.

La tasa de variación de la población femenina joven entre 2018 y 2025 es especialmente preocupante: las mujeres rurales de 25-29 años han caído un 12,34%, y las del tramo 30-35, un 14,58%. Solo el grupo de 16-24 años muestra un leve incremento del 0,64%, frente al 15,02% de las mujeres urbanas en esa franja. En el tramo 30-35, tanto las mujeres rurales (-14,58%) como las urbanas (-13,20%) y el total de Castilla y León (-13,72%) registran caídas significativas.

Las pirámides de población comparadas entre espacios rurales regresivos y rurales resilientes y progresivos confirman el patrón: en ambos casos hay un notable estrechamiento en los tramos de 20 a 39 años, especialmente en el lado femenino. La inmigración contribuye a amortiguar parcialmente el vaciamiento en los tramos de edad activa.

Un colectivo con altísima formación

Uno de los datos más llamativos del estudio es el nivel educativo de las mujeres en municipios de más de 500 habitantes de Castilla y León. Según datos del censo del INE (2021-2023), elaborados por Alario, las mujeres del rural progresivo presentan porcentajes de formación universitaria (grados de hasta 240 créditos ECTS) del 10,80%, frente al 9,68% del rural regresivo y el 14,72% de los entornos urbanos. En grados universitarios de más de 240 créditos, los porcentajes son del 6,09% (rural progresivo), 5,16% (rural regresivo) y 10,66% (urbano). En másteres y especialidades en Ciencias de la Salud, las cifras alcanzan el 3,96% (urbano), 2,44% (rural progresivo) y 2,15% (rural regresivo).

Esta alta cualificación es, según la investigadora, tanto un potencial como un problema: el tejido productivo de los espacios rurales carece de la capacidad tecnológica necesaria para absorber a estas profesionales formadas. Si no existen inclinaciones laborales hacia el sector agrario pero sí intención de permanecer en la localidad de origen, la juventud formada se ve obligada a trabajar en sectores alejados de su especialidad profesional.

El mercado laboral: la gran brecha

Los datos de ocupación femenina revelan diferencias significativas según el tipo de poblamiento. A nivel nacional, la tasa meCaptura de pantalla 2026 02 19 114140dia de empleo femenino se sitúa en el 59,11%, frente al 66,52% masculino y el 62,8% total. Pero la brecha entre el espacio rural (41,18%) y el urbano (66,25%) es enorme, según muestra un mapa elaborado por Fernando Molinero a partir de datos del INE y la Seguridad Social (junio 2025).

En Castilla y León, en los entornos urbanos y periurbanos la tasa de ocupación de las mujeres alcanza el 70,8%, por encima de la media nacional (65,9%). Sin embargo, en el rural regresivo esa cifra cae hasta el 33,5%, y en el rural resiliente y progresivo se sitúa en el 39,5%.

La brecha con los hombres es igualmente notable. En el rural regresivo, la tasa masculina es del 48,3% frente al 33,5% femenino. En el rural resiliente y progresivo, los hombres alcanzan el 55,0% frente al 39,5% de las mujeres. En el total general de la comunidad, las mujeres se sitúan en el 58,0% frente al 63,5% de los hombres.

Segregación horizontal: ellas en servicios, ellos en industria

El estudio muestra una clara segregación horizontal en la ocupación por ramas de actividad. En Castilla y León, las mujeres se concentran mayoritariamente en educación, residencias, sanidad y actividades veterinarias, servicios personales y empleo en hogar, administración pública, y alojamiento, restauración y servicios turísticos. En los hombres, el peso recae sobre agricultura, comercio y reparación, construcción e industrias.

La investigadora señala la terciarización como tendencia dominante, con los cuidados y servicios personales como opción fundamental para las mujeres rurales. Plantea también la incorporación femenina a la actividad agraria como una alternativa lenta pero interesante, con nuevos modelos de actividad. A esto se suma la infravaloración de la ocupación femenina, el peso del trabajo informal de cuidados y el papel creciente de las mujeres inmigrantes como recurso y reto al mismo tiempo.

Problemas generales

El estudio identifica tres grandes problemas que afectan a las mujeres en el medio rural:

Dificultad para retener talento y generar empleo cualificado. El tejido productivo carece de la capacidad tecnológica necesaria para dar sustento a la cantidad de jóvenes formados. Si no se tienen inclinaciones laborales hacia el sector agrario pero sí hay intención de permanecer, la juventud formada se ve obligada a trabajar en un sector alejado de su especialidad profesional.

Brechas de género y cuidados. Los roles femeninos en la ruralidad, incluso dentro de la población más joven, siguen basándose en el cuidado y la atención familiar, lo que convierte la conciliación en uno de los factores más importantes a considerar a la hora de tomar decisiones vitales: quedarse o irse.

Desarraigo juvenil. La población joven en muchas áreas rurales se encuentra atrapada entre la falta de oportunidades adecuadas y la percepción de estancamiento.

Emprendimiento: ¿modelo emergente u opción obligada?

Una de las cuestiones centrales del estudio —y de especial relevancia en el marco de la puesta en marcha de la Red PAME— es si el emprendimiento femenino en el medio rural responde a una oportunidad real o es más bien la única salida para quedarse o volver. Los datos del observatorio GEM 2024-2025 muestran que en España las mujeres emprenden con más edad que en otros países, mayoritariamente entre los 25 y los 54 años.

El acceso al mercado laboral, en el caso de las mujeres rurales, pasa en gran medida por la opción de emprender. El estudio señala que hay muchas más emprendedoras entre las mujeres que entre los hombres y asociadas en mayor medida a buenas prácticas. La tasa de emprendimiento entre la población con nivel educativo más alto es cada vez mayor, especialmente en el caso de las mujeres. En el entorno rural, gracias a las mujeres, se recupera la actividad emprendedora.

Los datos del informe GEM confirman que el porcentaje de mujeres con estudios universitarios que muestran intención de emprender es ligeramente superior al de los hombres: el 36,9% de las mujeres que se plantean emprender tienen formación universitaria, frente al 34,6% de los hombres (una diferencia de 2,3 puntos porcentuales).

En cuanto a la especialización productiva, el estudio muestra una concentración muy marcada: el 53,4% de las emprendedoras se dedica a actividades orientadas al consumo y el 34,5% a servicios empresariales, mientras que solo el 1,8% opera en actividades primarias. En el caso de los hombres, la distribución es más equilibrada, con un 18,6% en transformación y un 3,3% en primarias.

Sin embargo, el emprendimiento femenino rural resulta mucho más costoso para ellas por las dificultades de financiación y la doble jornada que obliga a adaptar el emprendimiento a la conciliación. La percepción de facilidad para emprender es consistentemente menor entre las mujeres. Solo el 25,9% de las no emprendedoras lo considera fácil, frente al 31,0% de los hombres. Entre las emprendedoras recientes (TEA), el porcentaje sube al 31,4% en mujeres frente al 42,3% en hombres.

En Castilla y León, según los mapas del GEM, la intención de emprender por primera vez entre las mujeres se sitúa en el 5,7%, y el emprendimiento consolidado femenino alcanza el 5,4%, cifras que se sitúan en la parte media-baja del conjunto de comunidades autónomas.

En cuanto a las motivaciones, el dato más significativo es que el 62,0% de las mujeres emprendedoras recientes señala como motivación "ganarse la vida porque el trabajo escasea", frente al 52,9% de los hombres. La motivación de "marcar una diferencia en el mundo" presenta cifras similares entre géneros (38,2% mujeres, 37,3% hombres), mientras que "crear riqueza o una renta muy alta" es algo menor en ellas (34,9%) que en ellos (39,6%).

Aparecen también nuevos perfiles de emprendedoras: mujeres, locales o foráneas, que de forma consciente han decidido instalarse en un medio rural para desarrollar su proyecto de vida —vital, personal, económico o laboral—, introduciendo nuevas formas de hacer en sectores tradicionales o nuevos, incluso incorporando conceptos empresariales y técnicas o canales de venta innovadores en ámbitos como el turismo rural o los servicios a la población. Se trata, según la investigadora, de un colectivo con alta cualificación y capacidad de innovación, que ya no emprende por necesidad sino por voluntad de optar por un cambio de actividad y vida, muy relacionada con la valoración de una ruralidad que encarna los valores de la tranquilidad, cercanía al territorio y valores ambientales.

Entre las dificultades que enfrentan, el estudio destaca la complejidad administrativa (con necesidad de simplificación burocrática y acompañamiento) y la necesidad de programas de financiación más inclusivos, con mecanismos específicos como microcréditos o subvenciones para facilitar el acceso a mujeres con menores ingresos. Precisamente el tipo de apoyo que la Red PAME pretende ofrecer a través de los Grupos de Acción Local.

Orientaciones para las futuras intervenciones

El estudio concluye con una serie de recomendaciones claras para las políticas de desarrollo rural. La primera es un cambio de enfoque: las mujeres deben pasar de ser consideradas un colectivo auxiliar a constituir un eje fundamental en el desarrollo rural. Esto no es un "problema de las mujeres": es un problema de las sociedades y, por tanto, de los territorios rurales, que requiere intersectorialidad en el enfoque de análisis.

Alario defiende la necesidad de un "rural proofing con perspectiva de género" en todas las políticas y programas que se diseñen para el medio rural, y señala que la nueva Estrategia Nacional por la equidad territorial y el Reto Demográfico, a punto de presentarse, debe incorporar obligatoriamente esta mirada si quiere ser efectiva.

Otras consideraciones clave del estudio:

  • La diversidad como norma: no se pueden aplicar soluciones homogéneas a grupos diversos. Las mujeres son la mitad de la población, y los territorios y sus condiciones tampoco son iguales.
  • El arraigo pasa por un desarrollo integral: no basta con la promoción del trabajo. Los jóvenes se van no solo porque no haya empleo (que lo hay), sino porque no hay otros jóvenes y se encuentran sin contexto de socialización. En el caso de las mujeres, se suma la dificultad de acceso a los servicios vinculados con los cuidados, que siguen recayendo fundamentalmente sobre ellas. Y si las mujeres deciden abandonar el territorio, arrastran a toda la unidad familiar.
  • Las mujeres formadas sí ven el territorio rural como lugar de asentamiento cuando está bien comunicado y se permite la innovación, siendo de esperar que el problema se dé eminentemente en espacios rurales profundos y pobremente comunicados.
  • El abordaje desde los territorios y sus sociedades (de abajo arriba, como siempre lo ha hecho el programa LEADER y teniendo en cuenta sus especificidades) es fundamental. Una línea de trabajo en la que los Grupos de Acción Local y la propia Red PAME pueden jugar un papel determinante.
  • El espacio como factor fundamental, no solo soporte: la fuerte movilidad actual obliga a pensar en unidades supramunicipales.

Fuentes citadas en el estudio: INE (Censo anual de población, Censo Actualizado 2025, Educación y Relación con la actividad 2021-2023, Padrón 2018 y CA 2025); Tesorería de la Seguridad Social (datos municipales junio 2025); GEM Mujeres y emprendimiento en España 2023-2024; GEM 2024-25; Baylina 2020; Salamaña et al. 2016; Villarino et al. 2013; Suñén Lavilla (AGER 04/2025); Esparcia 2025 "Declive y despoblación rural en España: recomendaciones para el diseño de políticas públicas"; "Mujeres universitarias y despoblación rural" (doi.org/10.21138/dl.2024.4). Elaboración de datos y gráficos: M. Alario Trigueros. Mapa de tasa de empleo femenino: elaboración Fernando Molinero.

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