Nuestros pueblos
Valdevarnés y Fuentemizarra: dos pueblos hermanados por la historia
Aunque existen vestigios de población prerromana en los términos de ambos pueblos, no es hasta el momento en que estas tierras pasan a ser repobladas por los cristianos procedentes del norte del Duero cuando se comienzan a configurar ambas localidades tal y como han llegado hasta nuestros días. Y esto se lleva a cabo a lo largo del siglo XI. En esa época, los repobladores traían a los nuevos territorios vestigios de sus orígenes.
Y hasta aquí llegaron gentes del Bearn para dar el nombre a Valdevarnés, que sería el valle del bearnés. El Bearn es la zona francesa situada al norte de la Navarra española. Es decir, la Navarra francesa, de etnia originariamente vascona.
Sin poder asegurarlo con certeza, Fuentemizarra también recibiría su nombre de personas del mismo origen que los de Valdevarnés. La terminación zarra en euskera significa viejo, y miza, gato. Por tanto, Fuentemizarra sería la fuente del gato viejo. Es decir, que un tal personaje apodado Miza daría nombre al pueblo al asentarse cerca de la fuente. El apellido Mizarra existe actualmente; aunque se haya perdido en nuestra comarca, hasta el siglo XVIII era un apellido conocido en la zona. La etimología de Fuentemizarra ha dado lugar a interpretaciones distintas a las que se refieren en este artículo; pero dada su proximidad a Valdevarnés es bastante probable que los repobladores de ambos pueblos procedieran de la misma área geográfica. 
Aunque el grueso de los patronímicos de los repobladores sean de origen castellano, hasta nuestros días han perdurado en los dos pueblos otros de origen gallego, como De Lama, o el Granda asturiano. Signo evidente de la diversidad original de las gentes que fueron arribando a las dos poblaciones.
Iglesias románicas y patrimonio religioso
Los pueblos poseen iglesias de trazas originalmente románicas. En un estilo muy primitivo y austero, se levantan ambos templos a finales del siglo XI o principios del XII. Los dos tuvieron una armadura de madera para sostener la cubierta. El de Fuentemizarra mantiene un artesonado que se redescubrió hace unos años al realizar obras de restauración. En Valdevarnés, el derrumbe de la nave a principios de los años 60 del pasado siglo no recuperó el artesonado original y se construyó en su lugar una nave con bóveda de cañón.
La patrona de Fuentemizarra es la Virgen del Ejido. Un ejido es una zona situada a las afueras del pueblo de uso común por donde transita el ganado o donde se establecen las eras, algo lógico teniendo en cuenta que por ahí se accedía a las dos dehesas de que disponía el pueblo y su entorno estaba rodeado de eras. El patrón de Valdevarnés es San Cristóbal, cuya imagen se custodia en la soberbia iglesia que destaca en lo alto del cerro sobre el que se ha ido configurando el caserío a lo largo de los siglos.
La ermita de San Roque, nexo entre dos pueblos
Hasta el siglo XVIII, ambos pueblos compartían la ermita de San Roque, situada sobre una pequeña loma equidistante de los dos núcleos, que solo les separa la distancia de un kilómetro. Ya a mediados de ese siglo se daba cuenta de que la ermita se hallaba medio arruinada, lo que dio lugar a su abandono definitivo.
Ent
onces se repartió su patrimonio más valioso entre los dos pueblos: la campana para Valdevarnés y el santo para Fuentemizarra. La ermita se había levantado en siglos anteriores para protegerse de la peste y consta que en muchos momentos sirvió para el culto dominical compartido de ambos pueblos, evitando el desplazamiento del oficiante a las dos localidades. En Valdevarnés se hace referencia a la disconformidad del desplazamiento, alegando entre otras razones el mal estado de los accesos, sobre todo en invierno.
La campana procedente de la ermita de San Roque se ubicó en la ermita de la Virgen de la Esperanza, levantada en el centro de Valdevarnés en un lugar donde anteriormente existía un granero. Actualmente, este espacio restaurado sirve, además de para la celebración del culto, para realizar actividades de carácter cultural durante los meses veraniegos.
En Fuentemizarra aún se celebra una liturgia el día de San Roque, como vestigio de la festividad que siglos pasados se llevaba a cabo en la primitiva ermita donde se custodiaba la santa imagen.
Paisajes contrastados
A pesar de la proximidad de los dos pueblos, difieren en la configuración paisajística. Valdevarnés, salvo el entorno más inmediato al caserío, ofrece un paisaje más abrupto, de cerros y valles que se suceden, y dispone de un amplio monte de encina y roble.
Fuentemizarra tiene un paisaje más llano y de buenas condiciones para la agricultura. En la única hoz que posee existe una sima natural, conocida como La Ima por los lugareños, de la que brota agua cuando llueve abundantemente. Este fenómeno provoca un gran atractivo para quienes disfrutan con este prodigio de la naturaleza.
Arquitectura tradicional y cultura del vino
Al ser dos pueblos en regresión demográfica, no se ha visto muy alterado su trazado urbano, conservando la arquitectura tradicional y esos elementos que dieron utilitarismo a la vida local, como son los pilones, fuentes, lagares, bodegas y palomares. No obstante, muchos de ellos necesitan una rehabilitación integral, fruto del desuso al que han estado sometidos durante las últimas décadas.
El viñedo tuvo su importancia en el pasado, reflejo de ello son las numerosas bodegas excavadas en el cerro de la iglesia de Valdevarnés. En Fuentemizarra, las bodegas se ubicaron en las propias casas. En este pueblo, hace unos años se realizó una plantación de viña que produce unos caldos exquisitos, fiel reflejo de lo que en el pasado supuso la viticultura. En Valdevarnés, a pesar de la desaparición del viñedo desde hace varias décadas, las bodegas continúan siendo foco de atracción para concelebrar todo tipo de eventos festivos, de índole familiar o de amistad.
Asociaciones culturales como motor de la vida local
Al no disponer ambos pueblos de ayuntamientos propios, han sido las dos asociaciones culturales los agentes dinamizadores de la vida local: La Corneja en Fuentemizarra y Los Comuneros en Valdevarnés. Gestionan las fiestas locales, dan un componente gastronómico a numerosos eventos y son la amalgama que mantiene vivas las raíces de los que emigraron pero desean mantener vivos los vínculos con sus pueblos.
Han rehabilitado sendos locales cedidos por el ayuntamiento que suponen un espacio para la reunión y el ocio compartido. Estas asociaciones también se convierten en un agente reivindicativo ante las necesidades de servicios municipales, ya que no son pocas las ocasiones en que se detecta la dejadez institucional.
La amenaza de la despoblación
Son dos localidades en las que la despoblación, sobre todo a partir de los años 60 del pasado siglo, ha provocado una sangría demográfica brutal. Hoy día, el censo conjunto de ambos pueblos se halla en torno a la treintena de habitantes. En los primeros años del siglo pasado, Valdevarnés superó los 350 habitantes y Fuentemizarra se acercaba a los 250. Esta situación tan
dramática debiera servir de alarma, en primer lugar a los residentes habituales, para revertir el trágico panorama que se tiene encima.
Se da la paradoja de que los actuales residentes habituales de Fuentemizarra son, en su origen, nuevos pobladores, siendo casi todos de procedencia extranjera. A lo mejor este es uno de los caminos para romper con la inexorable tendencia hacia la despoblación total de Valdevarnés y Fuentemizarra.
Tomás Pascual, hijo ilustre de Fuentemizarra
Un empresario de renombre nacido en Fuentemizarra fue Tomás Pascual, el fundador de la empresa que construyó un imperio de productos alimenticios en Aranda de Duero y que hasta la actualidad no ha dejado de seguir creciendo.
Los dos pueblos han mantenido hasta la actualidad una relación de rivalidad y amor. Son numerosísimas las parejas que a lo largo de la historia han forjado su amor entre los dos pueblos. Al mismo tiempo, las peleas y presunciones de unos y otros les han llevado a unos enfrentamientos propios de la vecindad. El sentido común pronostica que el futuro inexcusablemente les hará caminar conjuntamente y en buena armonía.
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